Ensayo · Julio 2026

Lo que aprendí de Chepe.

Un momento de asombro

El sol caía en Consuelo. Chepe estaba sentado en el asiento de pasajero.

Íbamos de camino al Batey La Laura — un lugar que apenas tenía tubería. La calle era lodo. Y las casas estaban hechas de retazos oxidados, desechados por otros.

Teníamos meses trabajando, y estas últimas dos semanas salíamos tarde, a la caída del sol, comprometidos con el éxito de La Mejor Peor Velada.

Hacía unos meses que yo llevaba a Chepe para su casa. Él venía de condiciones muy humildes, y por el horario, no tenía los recursos para pagar el pasaje e ir a su pasantía.

En ese momento, Chepe me dice: «Gustavo, ¿usted conoce la historia de Ulises?»

«Por supuesto que sí.»

«Yo he aprendido que para lograr cosas grandes, hay que amarrarse de la proa del barco.»

«En este mundo uno se puede distraer, pero lo más grande se construye con ese compromiso.»

Yo pensaba que era yo quien lo estaba ayudando a él.

Ese día fue el que me ayudó a mí.

La cultura está en todas partes.

Está en quienes deciden verla.

La grandeza del ser humano se encuentra en todos, entre todos.

Gracias Chepe.

Ojalá todos puedan ver en los demás lo que tú ves en ti.

Vamos a amarrarnos a la proa del barco.