Renovar el Espíritu de la Nación
¿Cómo se construye un país que aprende?
Acápite: este texto se escribió antes de la puesta en circulación de los datos del sondeo educativo. Se comparte tal cual — escrito por convicción, no por coyuntura.
Nuestro parecer sobre lo que se presentó en ese evento
El 22 de julio de 2026 el Presidente recibió el informe consolidado de la Consulta Nacional sobre el Futuro de la Educación Dominicana. Más de 7,000 personas fueron escuchadas —maestros, familias, estudiantes, empresarios, universidades, iglesias, sindicatos y la diáspora— y el país no pidió parches: pidió transformar el sistema completo. Tres palabras quedaron sobre la mesa como consenso: calidad, pertinencia y dignidad. Y la conversación va camino a una nueva Ley General de Educación, Ciencia y Tecnología — el marco que va a fijar quién responde por el aprendizaje de cada niño.
Y hubo una frase que celebramos de pie. Rafael Santos Badía, ministro de Educación Superior, Ciencia y Tecnología, dijo que lo primero es ganarle la batalla al pesimismo. ¡Amén! Eso mismo es lo que este documento estaba combatiendo desde antes de aquel día. El pesimismo es cómodo: no cuesta nada, no se equivoca nunca, y no ha construido una sola escuela. Que el ministro lo nombrara desde la tarima nos confirma que no estamos solos en esta pelea.
República Dominicana atraviesa un proceso ambicioso y retador: pasar de ser una economía de ingreso medio-alto a una economía de vanguardia.
No solo quiere ser rica. Quiere que su riqueza y su bienestar sean generalizados a toda su población.
En este contexto, la educación integral de todas sus personas se vuelve el arma y el alma para poder lograr la meta.
Estamos hablando de renovar el Espíritu de la Nación.

Sin embargo, vivimos en una sociedad llena de conflicto. Algunos dirían que es una sociedad hasta enferma. La culpa pasa de los empresarios a los políticos, y después a los padres de familia. Cada uno se victimiza, se anula y reprime al otro. A su conveniencia, todos son víctima, villano o salvación. Estamos capturados en el triángulo del drama.

En el caso de la educación, vemos al MINERD contra la ADP, contra el sector empresarial. Yo, que vengo del sector empresarial, fui criado para ponerme de un lado o del otro.
Nuestra única salida es pasar a todos del triángulo del drama al triángulo del creador.
En el triángulo del creador, los papeles cambian. La Víctima reclama su poder personal y actúa como Creador. El Agresor acompaña su desafío con escucha y apoyo. Continúa exigiendo — y provoca acción. Se vuelve en el mejor Coach posible. Y el pseudohéroe —también conocido como el pseudorescatador— permite que el creador crezca. Un amigo te escucha, te acompaña, pero no te quita el puesto. Su estar es suficiente. Su mayor aporte es su escucha.
Por eso no venimos a ser partidarios. Venimos a ser íntegros, inclusivos e integrales. Y queremos que el estudiante deje de ser daño colateral.
Yo, Gustavo Eladio Tavares, con 35 años, viendo los ojos de mis sobrinos —y si Dios me lo concede, los de mis futuros hijos— no puedo dejar que mi país continúe atrapado en un pleito. Porque aunque ellos quizás tengan la oportunidad de estudiar en colegios bilingües, más del 50% de los estudiantes de colegios bilingües reprueba matemáticas y redacción en el examen de admisión del INTEC. ¿A quién podré confiarle mis hijos?

El pleito no produce. Y no puedo permitir que pasen 35 años más y nuestra educación siga igual. Tendremos que unirnos.
Por esto quiero que te adueñes de esta propuesta. Ella responde al sondeo de la Comisión Ejecutiva para la Transformación Educativa del Decreto 309-26. Ya el Presidente Abinader nos lleva por buen camino. ¿Ajustes? Los necesitará. Proponlos. Claro que sí.
Ahora bien: vamos a unirnos en lo principal. Vamos a atender la queja de mi querido amigo, técnico en la educación, Julio Leonardo Valeirón:
«La educación dominicana no necesita otro plan. Tampoco necesita otra reforma. Mucho menos otra palabra grandilocuente. Lo que necesita es memoria, o por lo menos, recuperarla. Desde hace más de treinta años venimos cambiando el nombre de las soluciones sin resolver el mismo problema.»
Necesitamos crear una memoria colectiva.

¿Qué tan lejos miramos? Tenemos que recordar que fuimos capaces de liberarnos de una estructura faraónica y piramidal.
Vamos a proponer un sistema circular que nos une a todos. Vamos a hacer un sistema que aprende. En empresas como Amazon, a esto le llaman un flywheel de aprendizaje.
Un sistema que aprende es un sistema que recuerda. Un sistema que recuerda se adapta. Y solamente un sistema que se adapta puede mantenerse robusto y vivo ante el paso del tiempo. A esto le llaman ser anti-frágil.
Lo anti-frágil no solo sobrevive: se hace más fuerte ante cada reto, obstáculo o desafío.
Si algo es importante saber, es que la mejor versión de ti es la que mejora todos los días. Esa versión de ti es la que necesitamos. Y esto, en un sistema, será mañana y para siempre tu mejor versión. Dijo Moisés: «¿Tienes tú celos por mí? Ojalá todo el pueblo de Jehová fuese profeta.»
Aquí te vamos a enseñar el cómo. Hoy, aquí y ahora, se puede — porque la ley ya fue actualizada. Y hoy el Presidente nos une para renovar ese voto.
¿Cómo se llamará? MEDICINA para CRECER.
MEDICINA para CRECER nace de una tradición familiar — en particular, del profundo amor que le siento a mi abuelo, Gustavo Arturo Tavares Espaillat, fundador de APEC y de EDUCA. Esto es para honrarlo.
MEDICINA para CRECER se remonta sobre una base teológica universal — algo que conocemos todas las tradiciones cristianas:
«Perdona nuestras ofensas como nosotros también perdonamos a los que nos ofenden.»
Y MEDICINA para CRECER crea, además, conceptos totalmente innovadores, informados por nuestra experiencia en inversión, emprendimiento y educación. Ya vimos a Amazon. Vamos también a sacar conceptos de TUMO, de Alpha School, de Y Combinator — y de nuestros propios politécnicos y el INFOTEP.
¿Cómo voy a mostrarte esta propuesta?
Pues haciendo el ciclo de CRECER. Porque CRECER es, sobre todo, un meme poderoso. Engloba un universo en sus 6 letras.
Primero, la palabra significa algo positivo: llegar a ser más. Quien crece, madura. Y quien madura, aporta.
Segundo, CRECER es un acróstico. Ya veremos qué significa.
¿Y lo que más va a impactar tu vida de CRECER? Pues que es un método. Un método que, si lo pones en práctica, te hará más humilde, más prudente, más creativo — y te acercará a Dios. Es la mejor forma de contestar la pregunta: ¿cómo vamos a crecer hoy?
Eso a nivel personal. ¿Y a nivel de país? Un país no coopera porque todo el mundo se conozca — coopera porque comparte un cuento. Eso son las instituciones: imaginación colectiva. El dinero, la ley, el Estado existen porque acordamos que existen, y ese acuerdo pone a millones de extraños a trabajar juntos.22
Por eso le apostamos a seis letras. No hace falta que nos conozcamos todos — hace falta que compartamos el método.
Aquí vamos a dar el ciclo completo, aplicado al sistema educativo dominicano. Cada letra es un capítulo — y te adelanta lo que viene en él.
¿Y cómo empieza? CRECER empieza con compasión.
Compasión es verdaderamente escuchar al prójimo hasta que entiendas no solo cuál es su problema, sino cómo lo hace sentir.
Muchas veces pensamos que los problemas son técnicos y de recetas. CRECER empieza con compasión para diagnosticar cuáles son las actitudes que frenan un cambio. ¿Cuáles actitudes nos frenan? En compasión hacemos el análisis para verlo.
Ya verás el triángulo del drama aplicado a la educación.
Todo éxito depende del doliente. O de que alguien cargue el dolor.
En CRECER buscamos siempre encargarnos de algo. En este caso queremos contestar la pregunta: ¿cómo velamos la transformación del sistema de educación?
Por eso hacemos un análisis aplicando los criterios de subsidiariedad, continuidad, preparación y capturabilidad a cada uno de nosotros — ¿quién entre nosotros puede llevar nuestro país al éxito? El sistema depende de esa selección.
Antes de crear un plan de acción vale la pena ver qué pudiera funcionar. En nuestro caso: ¿qué podemos ver de nuestro pasado que nos ayude a construir el futuro?
De aquí vamos a viajar a la historia de los Tulipanes, y vamos a contextualizar el fallo más grande que hubo en Consuelo — el que casi hace que se pierda todo.
De hecho, seremos tan innovadores que proponemos un quinto saber a los cuatro de la UNESCO, y una idea que se necesita adoptar en la Constitución: ¿qué es la dignidad?
¿Estás listo para ser parte de una República Dominicana que ronda por la cima?
¿Qué proponemos concretamente? ¿Qué debemos hacer? Aquí nos volvemos sastres del sistema: lo hacemos a la medida para nosotros.
Nuestro plan se comprime en tres palabras: Crecer pa’ Ganar.
Y va de los cero a los sesenta: la escalera de los cinco ciclos — con el técnico de por medio, para todo el mundo. Ahí también se despliegan, por primera vez, las ocho letras de MEDICINA.
Las sutilezas, las aristas y los planes de implementación los pones tú. Ya verás que dependemos de ti para poder salir adelante.
Este es el paso más importante. ¿Cómo mediremos esta propuesta? Aquí debe haber un plan a futuro: sin evidencia no hay financiamiento, y sin financiamiento no hay avance.
Sin embargo, este es el capítulo más importante de todos. Es aquí donde los seres humanos fallamos. Y es por esto que en este paso nos tenemos que anclar.
Lean bien: de esto depende todo.
Lo que no termina en felicidad no vale la pena vivirlo. ¿Quién se quiere relacionar con lo que no canta?
Sea un acierto o un desacierto, hay que cantar comoquiera. El fracaso siembra un éxito a futuro. Aquí, ahora, tenemos hasta que celebrar un problema.
El regocijo es el alimento que nos permite seguir creciendo siempre. No hay que llorar: hasta las penas se pueden cantar. Una evaluación con observaciones es una oportunidad para CRECER verticalmente — profundizando hasta llegar al dominio de lo que buscábamos. Una evaluación positiva es una oportunidad para crecer horizontalmente — buscando nuevos horizontes donde aplicar nuestras capacidades creativas.

El secreto de la vida está en un constante CRECER.
Y hoy vamos a aplicarlo a nuestro sistema de educación.
De hecho, uno pudiera decir que Dios nos manda a eso. Las traducciones de hoy dicen:
«Sean fecundos, multiplíquense, y llenen la tierra.»
— Génesis 1:28 — Nueva Biblia de las Américas
En la Vulgata, la versión magistral del latín:
Crescite et multiplicamini.
— Génesis 1:28 — La Vulgata de Jerónimo

¿Estamos listos para CRECER?
Compasión
¿Cómo salimos del triángulo del drama?
Todo éxito depende del doliente. O, en su defecto, de que otra persona pueda compadecerse de ese dolor.
Empecemos por donde es más fácil de ver: el mundo empresarial. ¿Qué buscan los inversionistas? Y Combinator se define por una regla — make something people want: haz algo que la gente quiera.
¿Y cómo se logra? Talk to users — habla con tus usuarios. Escúchalos.
Fíjate bien en lo que eso significa. El inversionista no está buscando al mejor técnico. Está buscando al que mejor se compadezca del usuario final. Es la misma destreza que hace a un ejecutivo: el manejo y el tacto para alinear a la persona con la misión.
Y en el mercado esa destreza se cobra sola. El cliente tiene mucho más que voz: decide dónde poner el dinero. Por ahí se sabe, sin discusión, si el que ofreció el servicio de verdad supo qué le dolía.
En educación pasa todo lo contrario. El usuario —el niño— no puede ser su propio doliente.
No tiene la madurez, ni la inteligencia, ni la energía y los medios para determinar su futuro. Y el que sufre el dolor no puede cargarlo: tiene que haber alguien que cargue con el dolor por él.
¿La familia? A veces sí — y ahí vamos. Pero seamos honestos primero: los padres tampoco están siempre alineados con el niño. Puede que lo necesiten trabajando en la casa. Puede que no sepan que desarrollarse en matemáticas le abre la puerta a ser ingeniero. Puede que no entiendan que lo que pasa en la casa pesa tanto como lo que pasa en el aula.
Eso no los descalifica. Los pone en la fila de los que hay que formar. Pero deja el problema exactamente donde está: alguien tiene que decidir por el niño — y ese alguien no paga el costo de equivocarse.
¿Qué es el riesgo moral?
Eso tiene nombre en economía. Riesgo moral: cuando el que decide no es el que paga.
Y ojo con la dirección, que se confunde fácil. El niño no está en riesgo moral — el niño es el costo. Él es quien paga, veinte años después, la decisión que otro tomó hoy. Educar implica que un tercero tome y gestione decisiones por él, y esa es la dinámica que define el ejercicio de toda política educativa.
No se puede recurrir al axioma «el ojo del amo engorda el caballo» — porque aquí el amo no tiene la potestad de ver a su caballo: a sí mismo.
Toda política educativa gestiona ese riesgo. Cómo lo gestionamos determina si creamos un sistema que aprende — o si nos quedamos con un sistema que se captura y se estanca.
¿Y cómo se gestiona bien? No esperando santos. Un buen sistema te santifica lo más posible: no te quita la responsabilidad — te alinea hacia el resultado.
Por eso la pregunta sobre quien ejecuta el mando no es de carácter: ¿tiene que ejercer una moralidad casi perfecta — o tiene un sistema que lo incentiva a actuar a favor de su moralidad?
Vamos a verlo en acción: cómo un político trató a un técnico de la educación — y a preguntarnos, con honestidad, si realmente tenía otra opción.

Pecado Original: El Político y el Técnico
El cuento me lo hizo el propio técnico, en una noche de celebración, entre picadera y tragos.
Estaban trabajando con muchos ánimos. El primer Plan Decenal había unificado al país, y la campaña le timbraba en el oído a todo el mundo: «Educar es enseñar a vivir mejor.» Se aspiraba a la excelencia con unas Pruebas Nacionales recién creadas. Y en paralelo con las pruebas se montaban los nuevos programas de formación docente, al amparo de la entonces nueva Ley 66-97.
Fue en uno de esos programas que ocurrió el suceso.
Esa promoción se evaluó. Todos —ojo: todos— se quemaron. Aun así los mandaron al aula.
¿Por qué? Me lo dijo sin anestesia: «Eso es la política. Había que justificar la inversión. Y necesitábamos maestros — necesitábamos maestros en el aula.»
Me fui de esa noche pensando que había descubierto el pecado original. Ese fue el día que se institucionalizó la mediocridad.
Ahí está el político, en su silla. Antes de condenarlo, siéntate en ella. ¿Qué veía? La escolaridad estaba en 70% y la Constitución le exigía llevarla a 90%. La pobreza rondaba el 50%.2 Y sobre el escritorio tenía tres puertas — las tres cobraban caro:
A. Enviarlos al aula tal cual. La cobertura sube. El costo, invisible entonces: una mentira fundacional que ninguna evaluación futura podría corregir.
B. Esperar y formar otra promoción. Se protege el estándar. El costo: años de aulas vacías, la primera promoción desmoralizada — ¿y de dónde saldrían mejores candidatos?
C. Traer maestros de fuera. Aulas cubiertas. El costo: negarle el empleo magisterial al dominicano en un país con la mitad de su gente en pobreza.

¿Podía él, realmente, tener otra opción? Antes de contestar, recuerda a quién le responde un político en democracia: al votante. Y el votante —sensatamente— vive en el aquí y el ahora. La madre que hace fila desde la madrugada no come veinte años de estrategia; su hijo necesita un aula el lunes. El plan perfecto a dos décadas es muy bonito, señor — siempre y cuando tú no te mueras de hambre.
Esa no es una perversión del sistema. Esa es la democracia siendo sensata con la gente que no puede esperar. El votante cobra en el presente; el político que no entrega hoy, mañana no es político. Así que las reglas de su mundo premiaban cobertura ya — y la consecuencia la pagaría un niño que no vota, dentro de veinte años.
El político no escogió entre el bien y el mal. Escuchó a su cliente. Y cualquiera en esa silla, con esas reglas y esos clientes, hubiese hecho lo mismo. Tú también. Yo también.

Eso es compasión: no absolver por lástima, sino entender por qué la silla produce esa decisión — una y otra vez, sin importar quién se siente en ella.
El triángulo del drama
Desde entonces estamos ahí. Y lo que hace el triángulo del drama es ponernos a pelear entre nosotros — a batallar por capturar el sistema, cada quien convencido de que así lo va a salvar.
La entidad que más se ataca en este país es el político. Le cargamos todo: la escuela que no enseña, el maestro que no llega, la reforma que no cuajó. Es el villano perfecto — nadie pierde un aplauso atacándolo. Pero acabas de sentarte en su silla: estaba actuando de acuerdo a la arquitectura de incentivos que nosotros mismos construimos.
¿Y cuál es esa arquitectura? Nuestra ley está concebida como un triángulo del drama: los contrapesos puestos uno en contra del otro, en vez de ayudarse a mantener el equilibrio.
El maestro queda relegado a obrero. Al empresario lo sacan — y lo mantienen solo como voz. Los padres quedan totalmente marginados, en una Asociación de Padres que no tiene poder. Y entonces el ministerio se permite usarse como arma de poder — en contra de los mismos que están adentro.
Como me dijo una maestra coordinadora:
«Yo le digo a la gente — es que son nuestros hijos los que están adentro.»
El sistema tuvo sus fallas — y, por obligación, nos vamos a quedar sin entenderlas.
La compasión nos debe — antes de continuar condenando al político — permitir ver la ley como una oportunidad: la oportunidad de crear el triángulo del creador.

La política, a su más alto nivel, es diplomacia: diálogo, debate, diplomacia. Cuando el conflicto deja de usar palabras, se encarna en violencia, destrucción y pérdida. Quien desprecia la política no la elimina: la degrada. Cuidado con quejarse del político — que puede venir y llegar lo otro.
La captura
¿Qué es la captura? Es lo que pasa cuando las reglas premian lo incorrecto por mucho tiempo: la institución que nació para servir a todos termina sirviendo a los que viven de ella. No hacen falta villanos. Basta un presupuesto gordo, un árbitro débil y tiempo. El que parte y reparte se queda con la mejor parte.

La dinámica que determina la calidad del gobierno es qué tanto se le permite al político pensar a largo plazo — sin este capturar el poder.
Y como verán — esto está intrínsecamente atado a cuántos de nosotros nos vemos como agentes políticos.
Vamos a viajar a Nueva York, al aula del maestro Bruce Bueno de Mesquita. El político está en un juego de supervivencia. Su hallazgo:13 Cuando pocos se necesitan para ganar, entre pocos se tiene que repartir. Cuando muchos se necesitan para ganar — se produce para todos: se produce el bien público.
Ese extremo de la curva nosotros no lo tenemos que imaginar. Lo vivimos treinta y un años.
Y ojo, porque la palabra fácil se queda corta: lo de Trujillo no fue una oligarquía. En una oligarquía, estar adentro paga una fortuna. Trujillo puso a los propios oligarcas de siervos. Cuando la coalición se hace lo bastante chiquita, todo el que está adentro es reemplazable — y entonces el jefe deja de pagar en fortuna y empieza a pagar en miedo.
Mira la escena. Trujillo manda a buscar a Gianni Vicini —treinta y pico de años, azúcar heredada, MIT— y le dice que le quiere comprar sus ingenios. Vicini contesta con cortesía que está muy satisfecho, y pide permiso para viajar a Italia a consultar el precio con sus socios. Trujillo accede, complacido. La familia Vicini no tenía socios. El pretexto era para poder salir del país.
Esa es la coalición mínima en una escena: ser la casa más rica no te compraba seguridad. Te compraba una excusa para huir — o una celda bajo sospecha, como la que le tocó a mi tío abuelo.
Y ahí está la prueba de hasta dónde llega una captura total: termina reclutando en su contra a sus propios beneficiarios. Ese mismo Vicini fue «Mr. X» — durante casi dos años, el enlace civil de la conspiración con Washington. La CIA le puso tres criptónimos. Y en su informe interno, la misma agencia que trató con él dos años admitió por escrito que no sabía por qué lo hacía.28
Cuando ni los de adentro están a salvo, los de adentro conspiran.
Por eso la respuesta de aquella generación no fue una empresa ni un partido: fue la educación. El «nunca más» que fundó APEC. Ese cuento es Exploración.
El problema nunca fue el hombre: esperar al ángel que se sacrifique es una lotería. No cambies al hombre — cambia las reglas que lo premian. ¿Cómo se hace un sistema donde se necesitan muchos para ganar?
Vamos a ver qué tipo de democracia tenemos.
En nuestro caso — nuestra República Dominicana es una república representativa. Delegamos nuestras decisiones en pocos. Los partidos existen precisamente para tratar de agrupar, y ser eficientes en crear coaliciones grandes y ganadoras. Pero por consecuencia — muchas veces se elimina a quien no se necesita para ganar una elección: al niño.
Este gráfico dibuja esta tensión:13
Y no todos podemos ser santos o religiosos — ni ahí hay perfección. Un buen sistema tiene que funcionar con gente de todas las casillas:
Pasa en todas partes. El árbitro al que le paga el equipo local. Boeing certificándose sus propios aviones — dos caídos, 346 vidas.14 Las calificadoras cobrando de los bancos que calificaban — AAA hasta el día del derrumbe.14 Y la nuestra: la Ordenanza 02-2008 sentó a los padres en Juntas de centro — sillas dormidas que ni ellos sabían que existían.7
En el estadio, en el cielo, en Wall Street y en el aula: juez y parte. Y donde el juez es parte, paga el que no juega.
¿Y la nuestra, cómo se ve? Dibuja la Ley 66-97 y te sale esto:

El poder baja. La consecuencia se queda abajo. Y abajo del todo, el que no tiene voz. Nadie la diseñó para esto. Pero así está diseñada. Guarda este dibujo — más adelante te enseño su antídoto.
Y así fue que nuestras buenas intenciones terminaron capturadas. En parte, porque nunca definimos la dignidad — y donde la ley deja un vacío, cualquier interesado lo llena. Y en parte porque lo que se le dio a las familias se dio por ordenanza y por reglamento: débil y flojo.
Hoy en día, este conocimiento nos libera: pasamos de luchar intuitivamente contra algo a alinearnos de manera conjunta — y así poder crear una dinámica creativa, que nos empodera a todos.
¿Qué es la ley y el gobierno en todo esto? Pues el gobierno y la ley son cómo nosotros los actores decidimos relacionarnos — y políticos somos todos: por partido, por gremio, por sindicato, por asociación de padres. La meta es salir del juego de influencias y montarnos en un cohete que nos despegue hacia aprendizajes, hacia la convivencia — y superar con creces esa META 2036.
Entonces, la frase es falsa
«Aquí lo único que falta para que funcione la educación es que se cumpla la ley.»
— Comentarista de educación1
Por mucho tiempo yo estuve de acuerdo. Ya no. La ley se cumple — el pecado original ocurrió entero dentro del marco que fue planificado. Lo que falta no es cumplimiento. Faltan muchísimas otras cosas.

Y aquí está la noticia grande: hoy tenemos una oportunidad que casi ningún país recibe. El Decreto 309-26 nos convoca a todos a re-escribir la ley. Pero más que a re-escribir una ley — nos invita a todos a recrear el sistema, y por ende a aceptar una nueva dinámica que crea el cumplimiento a pesar de todos los desafíos que faltan por experimentar.
Y la compasión nos acaba de entregar el punto de partida:
- El político queda absuelto.
- El técnico queda absuelto.
- El maestro queda absuelto.
- El empresario queda absuelto.
Perdón y cuenta nueva. Pocas veces se alinean las tres: todos absueltos, todos convocados, y las reglas sobre la mesa.
Y ojo con la diferencia, que es toda la diferencia: el perdón no es indulto. El indulto te deja igual — víctima de un sistema que no escogiste. El perdón te saca del triángulo: sueltas al villano, y al soltarlo dejas de ser víctima.
El que no es víctima de nadie solo tiene una cosa que hacer: crear.
Cuatro absueltos, cuatro creadores. Y la pregunta que sigue de una vez: ¿cuál de los cuatro carga el dolor del niño? Vamos a las Responsabilidades.
Responsabilidades
¿Quién mejor puede cargar con el dolor?
El que sufre el dolor no puede cargarlo — eso nos lo dejó Compasión. Ya sabemos también qué pasa cuando nadie lo carga: la captura. Así que este capítulo contesta una sola cosa, y es la que falta: quién debe cargar el dolor del niño — y cómo lo formamos para que pueda seguir cargándolo.
Vamos a ver las cualificaciones y las posibilidades de cada candidato a doliente.
Hay cinco candidatos que pudieran velar por el niño — y a cada uno hay que mirarlo en tres tiempos: pudiera —lo que trae a la mesa—, pero —lo que su rol le complica— y sin embargo —el camino que tiene para adueñarse—. Empezamos por el que lo carga hoy.
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🏛01
El Ministerio
Pudiera. Es quien lo carga hoy, y no por casualidad: tiene el mandato constitucional, el presupuesto y los técnicos. Nadie tiene más alcance — puede llegar a todas las aulas del país el mismo día.
Pero es juez y parte: opera, regula y se evalúa a sí mismo — la pirámide que acabamos de ver. Y su horizonte es el ciclo electoral, no la trayectoria de un niño. El doliente no puede ser el vigilado.
Sin embargo, hay un papel que solo él puede hacer, y es enorme: formar, abrir los datos y sostener el estándar. Dejar de ser faraón para volverse sol — eso lo dibujamos en Creación.
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🏢02
La empresa
Pudiera. Es quien le dará el empleo, y nadie sabe mejor qué destrezas pide el trabajo. Cuando gestiona, gestiona bien: el INFOTEP —que las empresas financian con el 1% de su nómina desde 1980— tiene fila en la puerta.
Pero no necesita velar por el espíritu del niño, el estudiante, o el clima de aprendizaje. Puede querer lucrarse con la educación. Además, tiene los medios para aislarse del sistema público. Sufre las consecuencias de una desarticulación indirectamente.
Sin embargo, la competitividad nace del carácter — y el carácter exige que el estudiante se considere de manera íntegra. Los mejores empleados no son los que más saben — son los que tienen curiosidad, disciplina y disposición.
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👩🏫03
El docente
Pudiera. Está en el aula todos los días. Conoce la realidad del estudiante muchas veces mejor que los propios padres.
Pero su empleo es su sustento — y eso condiciona su potestad de poner a los otros por encima de los suyos. En especial, cuando las alternativas laborales son pocas — y estas carecen de la ya escasa holgura financiera.
Sin embargo, ya ejerce la profesión que más caridad cultiva. De poder confiar en sus medios y ser empoderado por su clima laboral — pudiera elevar el currículo desde un checklist forzoso a un despertar vocacional.
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🏫04
El director
Pudiera. Vela por la trayectoria completa del niño dentro del centro. Ve el arco entero, no un capítulo.
Pero su horizonte termina en la verja de la escuela — y lo nombra, lo evalúa y lo mueve el mismo sistema al que tendría que reclamarle. Un doliente no debería depender del vigilado.
Sin embargo, de medirlo un árbitro externo, respondería por el niño y no hacia arriba: el centro deja de ser un cargo y se vuelve su proyecto.
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👨👩👧05
La familia
Pudiera. Es el vínculo más cercano y el más largo — y el principal educador: desde el informe Coleman (1966) sabemos que el hogar pesa más que la escuela en lo que un niño aprende.
Pero hoy no tiene con qué: ni formación para leer un resultado, ni información que sirva, ni autoridad para corregir el rumbo. Le dieron una silla; las llaves quedaron en otro bolsillo.
Sin embargo, de la escuela hacerse comunidad —abierta sábado y domingo, casi como una iglesia— la acogida la transforma. El afecto cura. Y siembra la ambición.
1. ¿A quién le ponemos la mayoría del peso?
Cinco candidatos, cinco maneras de quedar bien en una foto. Hace falta una vara. Y son cuatro preguntas:
- Subsidiariedad — ¿está cerca del problema, o lo administra desde lejos?
- Continuidad — ¿acompaña la trayectoria completa, o solo un tramo? La empresa llega después; el docente dura un año; el director manda hasta la verja; el ministerio, hasta el próximo gobierno.
- Preparación — ¿sabe leer un resultado y decidir con él?
- Capturabilidad — ¿vive del presupuesto que tendría que vigilar?
Pásalos por la vara:
| Candidato | Subsidiariedad | Continuidad | Preparación | Capturabilidad |
|---|---|---|---|---|
| El Ministerio | No — decide desde la capital | Hasta el próximo gobierno | Sí — tiene los técnicos | Altísima — él es el presupuesto |
| La empresa | No — está fuera del aula | Llega cuando ya terminó | Sí — sabe qué pide el trabajo | Baja — no come del presupuesto |
| El docente | Sí — vive el aula | Un año, y sigue | Sí — es su oficio | Alta — su empleo es su sustento |
| El director | Sí — vive el centro | Hasta la verja | Sí — ve el arco completo | Alta — lo nombra el vigilado |
| La familia | Sí — vive el dolor | Toda la vida | No — hoy no | Baja — no come de ahí |
Y ahí está el asunto. La familia falla en una sola columna. Los demás fallan en continuidad o en capturabilidad — y esas dos no se regalan: nadie le puede dar continuidad a un ministro ni quitarle el sueldo de encima a un maestro. La preparación sí se da. Se enseña.
Así que la respuesta no era difícil — cualquier abuela de este país la contesta en un segundo: al que le puso el nombre. Su padre. Su madre. El doliente más intuitivo del mundo ya duerme en la misma casa — lo único que nunca le hemos dado es el poder. En el remo, el timón no lo lleva el más fuerte: lo lleva el cox, el más flaquito del bote — y nadie nace cox: se entrena. Así el padre: formación, información y autoridad — y una familia activada acompaña al maestro, le hace contrapeso al director y cría el carácter que la empresa anda buscando. Y lo mejor ya está inventado: Holanda escribió el poder de las familias en su Constitución. En 1917.6 El diseño completo son dos piezas: el estándar en la ley — y un doliente que lo vigile.
Esta es la parte más provocativa de mi propuesta. Enfocarse en los padres es casi abrir un ministerio de educación para los padres. No es fácil. Pero es lo que vemos en nuestras escuelas de más alta calidad — la Secundaria Babeque, entre otras. ¿Y qué puede hacer la ley por ese doliente? Mucho: sacar el estándar de los reglamentos, poner un árbitro que no sea juez y parte, y darle a la familia autoridad con candado. El cómo completo — Perú, Chile y la ley que pedimos — lo redactamos en Creación. Aquí queda sembrado el principio.
2. ¿Qué hace que el poder de las familias funcione?
Bonito el principio. ¿Pero funciona? Porque darle el timón a quien nunca lo ha llevado se puede contar de dos maneras: como un acto de fe, o como un experimento. Y ya hay experimentos.
India, Kenia, Nueva Zelanda — y la mezcla exacta salió igual en los tres: autoridad sin formación fracasa; información sin autoridad duerme; formación con autoridad funciona.7 El mapa completo cabe en una matriz, y cada casilla ya fue vivida por alguien:

Fíjate dónde estamos parados. Espectadores del dictador — sin formar y sin autoridad: las Juntas dormidas de la Ordenanza 02-2008, esas mismas sillas que ni los padres sabían que existían. Y fíjate que la casilla que funciona no es una hipótesis: tiene dueños que la probaron y la sostienen.
Vuelve entonces a la vara. A la familia le faltaba una sola columna — preparación. Y la casilla ganadora pide exactamente dos cosas: formación y autoridad. Las dos se dan por ley.
Nuestro plan, en una línea: crear el poder de las familias.
Pero antes de crear algo, hay que ver cómo se ha manejado. Una serie de situaciones, aquí y en otros lugares — el batey de Consuelo, y ocho sistemas que enfrentaron o esquivaron la captura de su educación, en el libro de jugadas.
3. ¿Cómo organizamos los dolientes?
Ya entendemos algo — todos han actuado de acuerdo a sus posibilidades y sus incentivos. Nadie tiene la culpa.
Y con el perdón todo se puede. En este ambiente de perdón y cuenta nueva — ¿cómo re-estructuramos la ley y el currículo para que esta vez nuestros incentivos estén alineados hacia el aprendizaje de los niños?
De las dos preguntas que hay que contestar, una ya la contestamos: cómo se protege una decisión con contrapesos — eso fue la captura, y por eso no dependemos de un santo, de un filósofo rey, ni de un Lee Kuan Yew. Queda la otra, y es la que manda: ¿quién debe decidir?
La respuesta tiene nombre viejo: la subsidiariedad. Vamos a empezar con su éxito. ¿Qué es y cómo funciona? La subsidiariedad: cada decisión vive en el nivel más bajo que pueda cargarla.
En esta casa la llamamos por un nombre más nuestro. El principio del doliente: el poder debe vivir con el doliente. Toda decisión debe tomarla la persona o comunidad más cercana al problema que tenga la capacidad de resolverlo — y si no tiene la capacidad, se le trabaja: se le forma. No descentralizamos por ideología. Descentralizamos porque quien vive el problema aprende del problema — y quien aprende del problema termina innovando mejor.
¿Y por qué casi no lo conocemos? Porque estamos acostumbrados a delegar en representantes — y a un país presidencialista. Tan presidencialista que el propio presidente Abinader se queja: a él lo llaman hasta para corregir un apagón.25 Cuando todo sube a la cima, la cima se tapa — y lo local se atrofia.
Y aquí hay una institución que sí predica este principio — la misma que tanta gente señala como la única que funciona bien: la iglesia. La subsidiariedad es doctrina social católica desde 1931: lo que puede resolver la comunidad pequeña, la comunidad grande no debe quitárselo.26 Y no es casualidad que llegara primero: la iglesia trabaja la compasión — sabe un poco más cómo sentir, entender y trabajar el dolor. Por eso reconoce al doliente.
¿Y funciona? Pregúntale a los jesuitas: casi 500 años, colegios en todos los continentes — y cada colegio se gobierna a sí mismo. Formación común, autonomía local: Roma no nombra al profesor de matemáticas ni aprueba el menú. Aquí mismo los conocemos — el Loyola, Fe y Alegría. La subsidiariedad con sotana.
Mi abuelo lo vio clarito. Cuando le preguntaron por qué fundó EDUCA, contestó:
«Dios nos ha favorecido dándonos la mejor educación posible. Esa educación quizás nos ha ayudado a tener éxito. Tenemos que devolver algo — por filantropía, y también por egoísmo. Si en la República Dominicana todos fueran educados por los jesuitas, este sería un país rico. La educación es la antítesis de la ignorancia. La ignorancia causa pobreza. Pienso en mis nietos y me pregunto cómo van a poder vivir con la gran masa de muchachos sin educación. Van a cargar una hipoteca social insoportable.»
— Gustavo Arturo Tavares Espaillat, sobre por qué fundó EDUCA (traducción libre)27
¿Por qué es importante ver el caso de Holanda? Porque aunque usted no lo crea — nuestras escuelas sí son #1 en algo: en felicidad. Y Holanda es el único país con resultados excepcionales que también acompaña en felicidad.
Suiza y Holanda viven la subsidiariedad. Suiza no vota cada giro del timón: vota quién agarra el timón, y los cambios grandes de ruta. Y en Holanda, cada escuela tiene por ley su consejo de participación — maestros, padres y estudiantes — con derechos reales: hay decisiones que piden su consulta, y otras que no pasan sin su aprobación.6 ¿Los mecanismos? Hay varios — el referéndum, entre otros: el derecho al voto de una decisión — no de un representante. Nuestra Constitución lo tiene desde el 2010, y la reforma del 2024 lo dejó en pie.24 Del referendo completo hablaremos en su propio ensayo: «Cuando ellos NO toman la decisión».
El principio del doliente, además, baja el pleito: no todo desacuerdo tiene que volverse una batalla política nacional. La autoridad se empareja con la responsabilidad — y decide el que está más cerca del problema.
Llévalo a una escuela nuestra y salen tres pisos:
- La operación diaria — el director. Sin referéndum.
- El gobierno escolar — maestros, padres y estudiantes, mes por mes: las políticas.
- El referéndum comunitario — solo lo fundamental, una o dos veces al año: la misión del centro, un cambio de rumbo, renovar — o no — la confianza en la dirección.
Cada escuela con su carta: las familias la aprueban, el consejo hace las políticas, la dirección opera. Constitución → pueblo; leyes → congreso; administración → ejecutivo. La misma arquitectura, al tamaño de una escuela.
Ya escogimos al doliente. Y ya sabemos de qué hay que protegerlo. Lo que falta es el candado: la ley — cómo se redacta para que dure — la cobramos en Creación.
La pregunta que queda abierta: la dignidad
Queda una palabra pendiente — y es la más grande de todas, porque es política de Estado. Nuestra Constitución se fundamenta en la dignidad humana; así lo dice su Artículo 5.12 Pero la dignidad no está definida en ninguna parte. Y donde la ley deja un vacío, cualquier grupo interesado lo explota.
Para definirla bien hay que saber de dónde venimos: de dónde salió cada actor de nuestro drama, y qué definiciones nos pueden sacar de él. La rueda gira: vamos a Explorar.
Exploración
¿De dónde podemos aprender?
Ya sabemos a quién le toca cargar el dolor, y qué hace que ese poder funcione. Falta lo que ningún modelo te enseña: cómo se ve eso cuando ocurre de verdad.
Y para eso hay dónde mirar, porque no somos los únicos que han intentado armar un sistema de aprendizaje. Lo intentó mi abuelo. Lo intentó Holanda. Lo intentó hasta nuestra propia Constitución. Y a cada uno le funcionó — en parte.
Así que vamos a verlos de cerca: qué hizo bien cada uno, y qué le faltó. Porque al sistema nuevo se le cobra con esa vara: tener las fortalezas de ellos — o más. Adoptarlas más rápido de lo que ellos tardaron. Y cubrir las debilidades ya señaladas — y cualquier otra que asome.
Empecemos aquí, cerca de casa.
1. Con mi abuelo, en Consuelo
Cuando ajusticiaron a Trujillo, mi abuelo estaba en Nueva York. La alegría duró poco: a su hermano se lo llevaron preso, bajo sospecha de haber asistido en el ajusticiamiento. Y de esa herida salió una apuesta: para poderle decir «nunca más» a la tiranía, su generación fundó APEC — la educación como el método para crear «un mundo mejor».27
Funcionó. Hasta que faltó el insumo. Los estudiantes llegaban con menos y menos preparación, y APEC se iba volviendo escuela remedial. No podía bajar sus estándares: tenía que elevar el país. Y buscando cómo, un monseñor le dio la seña: «Gustavo, tú deberías ir a Consuelo. Esas monjas están haciendo un milagro.»
El milagro tenía nombre: la escuela Divina Providencia, fundada en 1969 por misioneras canadienses en un batey de Consuelo. Hoy forma a más de 2,000 alumnos y a maestros de toda la región Este. De ahí salió la definición de educación que este documento adopta completa:
«Educar es acompañar a una persona hasta que descubra sus talentos, su deseo existencial de superarlos, y desarrolle auto-suficiencia autodidacta.»

¿Qué hizo bien Consuelo?
Tres cosas — y las tres son doctrina.
Buscó a las familias. Las monjas no esperaron al niño en el aula: fueron a donde el dolor vive. El doliente que este documento propone, ellas lo tenían de socio hace cincuenta años.
Le dio comida. Y no regalada: enseñando a sembrar. En ese entonces eso era sobrevivir; hoy tiene nombre de política pública — lo técnico-profesional. El oficio que da de comer.
Le dio arte. Por eso ese orgullo que no se compra. Sor Ana, que tocaba el piano, formó un coro tan bueno que el Club Rotario de Canadá los llevó de gira. Ella volvió con una espina — fuimos a dar lo mejor de nosotros, y en casa no hay dónde escucharlo — y de esa espina salió la Casa de la Cultura: el CEA donó el terreno, el Premio Brugal puso los primeros fondos, y el pueblo la levantó entre rifas mientras decía que las monjas estaban locas. A medio construir se volvió el escenario principal del Este. De ahí salió la Orquesta de Cámara de Consuelo — y seis músicos que hoy están en la Sinfónica Nacional: alrededor del 10% de su plantilla, puesta por un batey.
¿Dónde se quedó corto?
El techo lo cuenta. Se dañó — y no se reparó: se quitó. Se dice que hasta los hierros se vendieron.

Y aquí está lo que hay que entender, porque vale más que cien diagnósticos: la caída no fue por presupuesto. Las monjas enseñaron el saber, el saber ser, el saber hacer y hasta el saber convivir — dominicano, cocolo y haitiano en armonía. A las monjas les faltó enseñar una sola cosa: a gobernar. El quinto saber.
Nadie presupuestó el mantenimiento. Nadie corrió el estudio de factibilidad. Nadie definió quién decide, quién vigila, quién paga y quién sigue cuando los fundadores ya no estén.
Sin gobernanza de largo plazo, hasta el amor queda a la intemperie.
Lo dijo con Premio Nobel Douglass North: las instituciones son las reglas del juego; las organizaciones, los jugadores. El desempeño de un pueblo en el largo plazo no lo determinan sus héroes — lo determina su gobernanza.17 Ni el amor de las monjas, ni la lucha del sindicato, ni la filantropía del empresario sostienen un techo por sí solos.
De ahí sale el principio que gobierna esta propuesta: hay que pasar de Líder a Institución. Una persona no termina su obra hasta que la traspasa. El éxito se mide con una sola pregunta: ¿quién te sigue? Success is succession.
El cuento completo —mi abuelo, APEC, EDUCA, y por qué el propio EDUCA se desvió— está en su propio ensayo: «Cómo se pierde una herencia». Y el saber que faltó tiene el suyo: «Lo que le falta a la Unesco: el 5to saber».
2. ¿Qué podemos aprender de los distintos modelos de gobernanza?
El saber que le faltó a Consuelo, otros lo han conquistado. El que más lejos lo llevó fue Holanda — y su cuento se parece tanto al nuestro que conviene oírlo completo.
Holanda arrancó como nosotros: una sola escuela pública para una nación plural, con un molde religioso único — y fundar la tuya requería un permiso que casi nunca se daba. Cuando su Constitución liberal abrió al fin la libertad de enseñanza, en 1848, la abrió sin un centavo público: el que quería escuela propia pagaba dos veces — sus impuestos financiaban la del Estado, y su bolsillo la suya. Y cuando una ley subió los estándares —y los costos— para todas y subsidió solo a la pública, las familias la leyeron como lo que era —exterminio por asfixia financiera— y respondieron con casi medio millón de firmas en cinco días, en un país de cuatro millones, rogándole al rey que no la firmara.
El rey firmó igual.
A esa pelea le dicen la schoolstrijd — la guerra escolar. Duró ciento once años, y fíjate cómo terminó, porque es la lección entera: nadie ganó la guerra — la Constitución la disolvió. En 1917, un solo canje aprobado casi por unanimidad: la izquierda obtuvo el sufragio universal; los confesionales, igualdad de financiamiento entre la escuela libre y la pública. Sufragio por escuelas — cada bando compró la concesión del otro. Hoy es el Artículo 23. Tres años después, la ley lo puso a operar: el dinero sigue al niño a la escuela que su familia elige. En una generación, dos tercios del sistema pasó a gestión libre.
¿Y por qué lleva 109 años en pie, sobreviviendo a todos los gobiernos? Por la razón que ya aprendimos con Bueno de Mesquita: dos tercios de las familias son beneficiarias directas. Ninguna coalición puede armarse contra su propio electorado. El pacto se defiende solo.

Y del pacto no sale solo un candado. Sale otra cosa, más honda: Holanda creó escuelas que saben gobernar. Yo soy muy partidario del sistema jesuita, del de las hermanas y del de los cristianos — pero hay que reconocerlo: Holanda le ha dado una libertad tremenda a la escuela. Cada una con su junta, gobernándose a sí misma; el Estado mide — no administra.
¿Y a qué se parece esa libertad? Casi, casi, a algo que ya practicamos: la cogestión.
Y no nació de la noche a la mañana — llevamos años iterándola. La Unesco ya la estudiaba aquí en 2003: nuestro marco legal recomienda estamentos de participación y cogestión en cada nivel del sistema.29 En 2019, el ISFODOSU lanzó su Programa de Cogestión para convertir once escuelas en instituciones de alta calidad. En 2024, el Minerd le entregó en cogestión doce centros de La Altagracia a la diócesis y a la UCADE. En 2025, la UASD creó su unidad de cogestión para sus liceos experimentales — once, con más de 3,700 estudiantes.
La cogestión funciona. Por eso el Estado se la confía a los jesuitas, a las hermanas, a las universidades — justo en los centros que quiere de alta calidad. Lo que hay que exigirle ahora es el paso que Holanda ya dio: más acompañamiento de los padres. No como invitados de la escuela — como integrantes del sistema educativo. Cogestionar con la iglesia y la universidad es bueno. Cogestionar con la familia es el diseño completo.
¿Y los demás modelos?
Holanda no está sola. Suiza vive la subsidiariedad hasta el final: no vota cada giro del timón — vota quién agarra el timón, y los cambios grandes de ruta. El poder vive abajo por diseño, no por concesión. Chile escribió los estándares, la medición y el árbitro en la ley misma —la Ley 20.529— y lleva década y media sosteniéndolos por encima de los gobiernos de turno:5 dos instituciones independientes miden y fiscalizan, separadas del ministerio que provee. Y Perú enseña el otro final: dejó los estándares a merced de la política, y en 2024 su Congreso —alegando que «faltan maestros», nuestra misma escasez hecha argumento— devolvió al aula por ley a los docentes cesados por no aprobar la evaluación.4 El mismo pecado nuestro, con otra bandera.
¿Y nosotros? No empezamos mal. Nuestra Constitución hizo algo que pocas hacen: se fundamenta en la dignidad humana — así lo dice su Artículo 5.12 Desde el 2010 trae el referéndum — el derecho al voto de una decisión, no de un representante.24 Hasta sentamos a las familias: la Ordenanza 02-2008 les dio silla en las Juntas de centro. ¿Dónde nos quedamos cortos? En el lugar — el poder de las familias lo escribimos en una ordenanza, y lo que se da por reglamento, por reglamento se quita: quedaron sillas dormidas que ni los padres sabían que existían. Y en la palabra — la dignidad, el fundamento de todo el edificio, no está definida en ninguna parte. Donde la ley deja un vacío, cualquier grupo interesado lo explota.
Y Consuelo ya lo vimos: las monjas sabían educar mejor que casi nadie en el país, pero no formaron a la comunidad para gobernar lo que habían construido. Cuando la fundadora se fue, el poder se fue con ella. Y el techo detrás.
Ponlos lado a lado y la lección salta sola:
Abre un modelo: el piso donde quedó escrito el poder te dice cuánto va a durar.
- Nadie ganó la guerra escolar: la Constitución la disolvió. En 1917 la izquierda se llevó el sufragio universal y los confesionales la igualdad de financiamiento — cada bando compró la concesión del otro.
- Tres años después la ley lo puso a operar, y en una generación dos tercios del sistema pasó a gestión libre.
- Por eso aguanta: ninguna coalición puede armarse contra su propio electorado.
- La subsidiariedad suiza no es un gesto de buena voluntad del centro: es el orden en que se reparte el poder desde el principio.
- Y como el ciudadano vota los cambios grandes de ruta, ninguna reforma le puede pasar por encima.
- Chile hizo lo que aquí falta: sacó al que mide de la nómina del que es medido.
- Pero lo dejó en ley, no en Constitución. Aguanta gobiernos de turno; una mayoría decidida todavía lo podría mover.
- En 2024 el Congreso devolvió al aula, por ley, a los docentes cesados por no aprobar la evaluación.
- El argumento fue «faltan maestros»: nuestra misma escasez, convertida en excusa para bajar la vara.
- Lo que se sostiene solo por reglamento se cae el día que a la política le conviene que se caiga.
- Las monjas enseñaron el saber, el saber ser, el saber hacer y hasta el saber convivir. Les faltó enseñar una sola cosa: a gobernar.
- Una institución es una liturgia: la manera de que algo se repita cuando ya no está quien lo empezó. Consuelo tuvo el amor y no tuvo la liturgia.
- Por eso el techo no se cayó por presupuesto. Se cayó porque nadie quedó a cargo de recordarlo.
- No empezamos mal: nuestra Constitución se fundamenta en la dignidad humana, y desde 2010 trae el referéndum.
- Pero el poder de las familias quedó en una ordenanza, un piso por debajo de donde las cosas aguantan.
- Y la dignidad, que es el fundamento de todo el edificio, no está definida en ninguna parte. Donde la ley deja un vacío, alguien lo llena a su favor.
La jugada dominicana, completa → La Ordenanza 02-2008 en el MINERD ↗
El patrón no falla: el poder que se escribe en la Constitución, aguanta. El que se queda en un reglamento, se lo lleva el próximo gobierno.
Los ocho sistemas completos —con sus cronologías, sus cables y sus finales— viven en el libro de jugadas.
3. Para gobernar bien, hay que definir la dignidad
Gobernar es repartir — cargas, poderes, presupuestos. Y todo reparto se hace según lo que uno cree que vale una persona. Por eso la meta-idea de todo el capítulo es esta: para gobernar bien, hay que definir bien la dignidad.
«All men are created equal», dice la frase fundadora más famosa del mundo. ¿Iguales en qué? ¿En lo que tienen? ¿En lo que pueden? ¿En lo que son? Mientras esa ambigüedad viva, cada quien la rellena a su favor. Nuestra Constitución heredó el mismo hueco: se fundamentó en la dignidad — y no la definió.
¿Y qué es, pues, la dignidad? ¿Un nivel —algo material que se garantiza— o un movimiento, un flujo de acción que se vive?
¡Qué tal si es ambos! La dignidad tiene un piso material. Y pasado ese piso, se convierte en movimiento.
Sor Leonor Gibb, que trabajó de cara a la pobreza extrema del batey, lo dijo mejor:
«Ayudamos a las personas cuando les revelamos sus propios talentos y su propio deseo de mejorar. Acompañarlos con entusiasmo hace más bien que regalar dinero o cosas.»8
Y en el mismo documental dijo la otra mitad:
«Hay momentos en que la gente necesita que le den. Y uno trata de tener la sabiduría de saber cómo hacerlo y cuándo hacerlo.»8
Ahí está el piso y ahí está el movimiento — dichos por la misma boca. Y fíjate dónde ella puso la dificultad: no en el dar. En el saber cuándo. Pasado lo material suficiente, dar más cosas es echarle el jabón al sancocho.
Y mira cómo esto explica el techo. Ahí el pueblo vio su dignidad en lo material — en el techo. No aprendió a verla en su actitud. Y por ende se quedó esperando el dao. Y el dao da duro, porque el dao eventualmente te lo tumba todo... hasta que tengas que mendigar de nuevo. La dignidad es ese cambio de actitud: al quiero, al puedo, al soy capaz.
Porque la dignificación completa es esa: educar hasta el auto-gobierno. El argumento largo —y por qué escribirla dual es lo que decide quién cobra— está en «¿Qué es la dignidad?».
Ya vimos a los tres: lo que hicieron bien, y lo que dejaron sin definir. La vara quedó puesta. Con este conocimiento — vamos a crear.
Creación
¿Y si nos atrevemos a ver la verdad?
Un aula que no aspira a cambiar el mundo es un aula en la que no vale la pena estar.
Y esta aula definitivamente tiene que cambiar el mundo. Empezando por un dato que duele dos veces:

Ya nadie cree en la educación como el vehículo para resolver los problemas. La ponemos en séptimo lugar — detrás de la luz. Y mientras tanto:

Ese es el retrato completo: estamos entre los últimos del mundo en aprendizaje — y no nos duele donde está la herida. El alto costo de la vida, la delincuencia, la falta de empleo: eso es educación, diez años después. La enfermedad no duele donde está. Por eso esta propuesta se llama MEDICINA.
Y fíjate lo que ese 7.8% realmente significa. Si la educación no se ve como la salida de los problemas, entonces lo principal que hay que cambiar no es un currículo — es esa actitud. Empezar a ver la verdad. La tendencia del ser humano es no querer verla: duele menos mirar la luz, la delincuencia y el costo de la vida, que mirar la raíz. Esa es la principal creación de esta propuesta: un país que se atreve a ver la verdad. Guarda esta frase — en Evaluación volvemos a ella, porque ahí vive el eslabón débil.
Todos tenemos que estar remando hacia esta verdad. La educación y la escuela son el vector para la transformación.
Lo primero que tenemos que crear es un sistema donde todos estemos alineados
¿Qué tan importante es la alineación? Vamos a un caso práctico — de cuando yo remaba.
El bote no podía salir al agua si no llegábamos todos. Y no podía avanzar si no remábamos juntos: ocho fuertes remando cada uno a su tiempo pierden contra ocho alineados a un solo golpe. En el agua eso se siente en el cuerpo — la alineación no es un lujo: es la propulsión. Del remo salió mucho más que esto — lo cuento completo en su propio ensayo: «Lo que aprendí remando».

Y un sistema educativo es un bote de ocho — con el país entero adentro. En Responsabilidades preguntamos quién debe cargar el dolor — y a quién impulsar: al cox, al padre. En la proa va el niño: no como remador, sino como la carga preciosa que el bote existe para llevar. Ahora toca remar — todos, a un solo golpe, hacia la verdad.
¿Y alineados para qué? Para la meta. Nuestros estudiantes son los más felices de PISA — y hay reformas que suben puntaje quemando esa felicidad. Nuestra meta: subir en aprendizaje sin bajar en felicidad.
Pasa el cursor —o tabula— por cualquier bolita para ver su país.
¿Lo bueno? Que sí podemos ver lo que está bien. Vamos a empezar por donde la gente sí está entusiasmada con la educación: por el INFOTEP y los politécnicos. Ahí hay fila. Nadie hace fila por gusto: la fila es información.
¿Qué tiene esa oferta que no tiene el resto? Dos promesas que todo el sistema debe hacer suyas:
1. Que te dé la competencia técnica. La utilidad a edad oportuna regala autonomía económica a quien más la necesita. Por eso el INFOTEP y los politécnicos tienen fila.
2. Que te lleve a emprender. El conocimiento ya llega en milisegundos vía ChatGPT. Lo que falta es el proceso — porque emprender es un proceso: Lean, Agile, Scrum; los OKR para apuntar, los KPI para medir. Hipótesis, meta, iteración. Y todos comparten el mismo corazón: la etapa de evaluación. ¿Logramos lo que queríamos lograr? Ahí el estudiante aprende a ver la verdad de lo que construyó. Mejor que esa evaluación la haga uno mismo —temprano y con método— a que la haga el mercado. El mercado también evalúa. Pero sin apelación.
Imagínate la secundaria con actitud de inversionista, como un Y Combinator: yo quisiera una AFI que invierta en los emprendimientos de nuestros estudiantes. Aunque quizás lo mejor es caer en cuenta de que el Estado ya es socio — al 27%.10 Si ya cobra como socio, que invierta como socio.

El modelo educativo post-IA
Cuatro años, cinco años, seis años. Así reparte Holanda sus rutas, y así repartimos casi todos. Pero fíjate lo que esa cifra mide de verdad: no mide dominio. Mide tiempo sentado. Era el único sustituto que había cuando no se podía medir la competencia de otra forma.
Ya se puede. Cuando la instrucción se adapta al ritmo de cada quien y la evaluación es continua, la unidad deja de ser el año y pasa a ser la competencia demostrada.
Ya hay quien lo hace. En Alpha School, en Texas, la técnica se aprende con herramientas que se ajustan al ritmo de cada estudiante —dos horas bien medidas rinden más que ocho mal sentadas— y el resto del día se invierte en lo humano: proyectos, oficios, liderazgo, comunidad. La tecnología comprime la instrucción; el tiempo liberado se siembra en carácter.
Y el ciclo rápido tampoco hay que inventarlo. Ya lo tenemos — se llama INFOTEP. Módulos cortos, apilables, con salida al trabajo. Esa es la fila del principio: la gente hace fila donde el ciclo es corto y la salida es cierta. Lo que falta es enchufarlo a la escuela desde los doce — y que lo ganado no se pierda.
Con eso en la mano, el sistema se puede volver a dibujar.
La escalera: el mismo ciclo, a todas las edades
El fractal ya lo probamos en las instituciones: el país forma a la escuela, la escuela al director, el aula al estudiante. Falta probarlo donde más se duda — en las edades.
Porque si CRECER solo sirve en inicial, es un programa. Si sirve de los cero a los sesenta, es un sistema. Vamos a montar la escalera.
Primero el espíritu. Música, danza, convivir. Un muchacho que no quiere aprender no aprende a leer — así que el primer ciclo no enseña materia: enseña ganas.
Después las herramientas. Leer, escribir, buscar — y dudar con método. No hasta pasar la prueba: hasta que pueda aprender solo cualquier cosa. Es la definición de las monjas hecha peldaño — auto-suficiencia autodidacta.
Tercero, lo administrativo — y este no lo tiene nadie. Cuentas, finanzas, planificación. Es la segunda promesa del INFOTEP, la de emprender, convertida en escalón obligatorio. Y va antes del oficio, no después: el que sabe apuntar y medir no aprende un oficio — monta una empresa.
Cuarto, el técnico. Para todos. Reparación, enfermería, oficios, educación rápida. Este es el que cambia el país.
Y quinto: universitario, vocacional o continuo. Medicina, ley, ingeniería — o el oficio hondo, o la próxima ola que llegue. Tres puertas, y ninguna se cierra.
En la ley de hoy eso se llama Inicial, Primario y Secundario —con sus tres modalidades— más Superior e INFOTEP. Les cambio el nombre porque les cambio el trabajo: aquí cada ciclo termina cuando el estudiante demuestra algo, no cuando se acaba el año.
¿Y las edades? Espíritu de cero a seis. Herramientas de seis a once. Lo administrativo de once a trece. El técnico de trece a diecisiete. Y de ahí en adelante, toda la vida.
Ahora bien: si el ciclo no lo cierra el calendario, algo tiene que cerrarlo. Y aquí hay que ser preciso, porque no todos los peldaños se cierran igual.
En el espíritu no se examina a nadie. A los cinco años no hay nada que filtrar; hay ganas que cuidar.
Al salir de las herramientas sí — y este es el importante. Una sola pregunta: ¿puede aprender solo? Si no lee para aprender, no aprende nada de lo que viene. Es la puerta que hoy no existe, y por eso pasan de curso muchachos que no pueden leer el curso.
Lo administrativo se acredita con el proyecto — no con una prueba: con las cuentas de algo que de verdad se hizo. Y en el técnico la credencial es el examen: el terreno no miente. Después, cada puerta pone la suya.
Y que quede clarísimo, porque este documento se pasa un capítulo entero peleando contra el filtro que llega tarde: no son paredones. Son puertas que abren cuando estás listo — y se tocan las veces que haga falta. El concurso del 2023 quemó a 45,746 personas al final.11 Estas llegan durante, con quien te acompañe al lado.
El técnico es para todos — hasta el que va para medicina
Dicho sin suavizar: nadie sale de la secundaria sin al menos una credencial técnica. El que va para medicina también.
Por tres razones. La utilidad a edad oportuna regala autonomía económica a quien más la necesita — esa es la fila del INFOTEP, ahora para todo el mundo. El taller es el único lugar donde la evaluación no se puede fingir: el terreno no miente. Y el que sabe hacer algo con las manos se atreve a emprender.
Al que va para la universidad pónganle ebanistería, carpintería o cocina. Que se acerquen a Jesús, que era carpintero. Y de paso se rompe la peor herencia del sistema: que el oficio sea el destino de los que no llegaron.
El marco que ya tenemos — y casi nadie sabe que existe
Cuando uno mira a Holanda o a Alemania, lo que hay que ver no es la escuela: es el marco. Un solo esquema de ocho niveles donde cabe todo lo que se aprende —en el liceo, en el taller, en la universidad, en el trabajo— medido por lo que la persona sabe hacer.49 Por eso allá la ruta técnica no es un callejón: se apila.
¿Y nosotros? Aquí viene lo bueno.
Nosotros también lo tenemos. Decreto 173-16. Ocho niveles. Veintidós familias profesionales. Un Catálogo Nacional de Cualificaciones. Una comisión tripartita presidida por la Presidencia, con Educación, Educación Superior, Trabajo, Economía e INFOTEP sentados en la mesa.49
Y casi nadie sabe que existe.
Mira dónde vive: en un decreto. Ya sabemos lo que le pasa a lo que vive en un decreto — lo vimos con la Ordenanza 02-2008, y lo vimos con Perú. Su ley lleva desde 2019 dando vueltas en el Congreso; en junio de 2024 el Senado todavía estaba invitando ministros para seguir estudiándola.49 Diez años de marco sin ley. Y mientras tanto, el muchacho del politécnico no sabe que lo que aprendió tiene un nivel — ni cómo subir al siguiente.
Así que no pedimos inventar nada. Pedimos tres cosas: subirlo a la ley, donde no se lo pueda llevar el próximo gobierno; enchufarlo al aula desde temprano, para que cada peldaño de la escalera emita cualificación reconocida; y rediseñarlo para la velocidad de hoy.
Cómo cambia el centro público
¿Y cómo se ve todo esto en una escuela de verdad? Porque una arquitectura que no cambia nada en el aula del lunes no es una arquitectura: es un afiche.
Seis cosas cambian, y todas van en la misma dirección — de lo genérico a lo propio.
| Lo que cambia | La escuela de hoy | La escuela de la escalera |
|---|---|---|
| El currículo | uno solo, genérico, hasta el final | tronco común primero — propio después |
| La unidad de avance | el año escolar | la competencia demostrada |
| El técnico | una modalidad, para algunos | un ciclo, por donde pasa todo el mundo |
| Lo que te llevas | un título al final — o nada | una credencial en cada peldaño |
| El que se queda atrás | se cae del sistema | vuelve por donde se quedó |
| Quién lo reconoce | el ministerio, por título | el marco de ocho niveles, por competencia |
Fíjate en la quinta fila, que es la que a mí me quita el sueño. Hoy, el que se cae se cae del sistema completo — y a los treinta ya no hay por dónde volver. En la escalera se cae de un peldaño, y el peldaño lo espera. Eso no es generosidad: es aritmética. Un país que pierde la mitad de su gente en el camino no llega a ninguna parte.
Ahí está la escalera completa: el fractal, ahora en el tiempo. El ciclo CRECER no dura seis años; dura una semana. Cada peldaño es una vuelta de la rueda. Por eso el que se baja siempre puede volver a montarse.
Espíritu Primero: el primer ciclo, encarnado
La escalera empieza con el espíritu. Y el espíritu no se decreta desde un escritorio — se siembra en un sitio, con nombre y con gente. El nuestro los tiene: Bachata Baseball — primera infancia, en Consuelo. Donde empezó el sindicato, donde las monjas hicieron el milagro, donde el play es lo que quedó en pie. No hay mejor tierra para sembrar la reconciliación. Y que quede claro su estatus: Bachata Baseball es una propuesta adicional — un prototipo que camina por su cuenta, además de CRECER. CRECER es el método del sistema; Bachata Baseball, su primera encarnación voluntaria.

¿Por qué primera infancia? Porque ahí está el mejor negocio del país — y lo dice un Premio Nobel. James Heckman se pasó la vida midiendo el retorno de invertir en las personas, y su curva es contundente: mientras más temprano, más rinde. Los programas de calidad de 0 a 5 años rinden hasta un 13% anual por dólar invertido; el Perry Preschool, seguido por 40 años, entre 7 y 10% — más que la bolsa de valores. Y cada año adicional de escolaridad eleva el ingreso de una persona alrededor de un 10%, con los retornos sociales más altos en los niveles básicos.15 La primera infancia no es gasto social: es la mejor AFI del país. El Estado — que ya es socio — no encuentra en ninguna bolsa un rendimiento así.
Ahora ponle números al negocio. Mueve el botón y mira qué le pasa al país entero:
Mejorando la primera infancia un 25%, al año 50 el país produce 1.8% más cada año — y lleva acumulados US$ 106 mil millones. Los primeros veinte años no se ve nada.
Los supuestos, a la vista: mejorar un X% quiere decir que la cohorte sale con esos puntos PISA de más (25% = los +25 puntos que modela la OCDE); la mejora llega a todo el país en 20 años; ese niño entra a trabajar 20 años después; un trabajador trabaja 40, así que la fuerza laboral se renueva despacio; y cada 100 puntos PISA valen 1.3 puntos porcentuales de crecimiento anual — el número más conservador del rango publicado. No es un pronóstico: es la aritmética de un supuesto que se puede discutir.
Fíjate en lo que el dibujo dice sin querer: los primeros veinte años no se ve nada. Un mandato, y otro, y otro — y la curva pegada al piso. Por eso nadie siembra esto: el que lo siembra no lo cosecha. Ese es el problema real de la primera infancia, y no es de plata: es de calendario político.54
Y aun así los números son los que son. Con la estimación más conservadora que hay publicada, mejorar un 25% —los mismos 25 puntos PISA que modela la OCDE— deja al país produciendo casi 2% más cada año a los cincuenta, con más de cien mil millones de dólares acumulados por el camino. Casi el PIB de un año entero, regalado por unos niños que hoy tienen tres.
¿Y por dónde se empieza esa dignificación? Por los dos lados de la curva: con los que están a punto de iniciar — y con los que casi no pueden más. Bachata Baseball invierte en las dos puntas a la vez. Porque la pregunta «¿quién enseña?» tiene una respuesta que nadie está viendo:
Del diamante (y del motor) al aula
En República Dominicana hay más de 600,000 jóvenes que ni estudian ni trabajan.16 El sistema les puso un nombre que suena a sentencia: ninis. Ahí están los peloteros que firmaron a los 16 y fueron soltados a los 20 — con disciplina de élite y cero papeles. Ahí están los motoconchistas que resuelven el país entero una carrera a la vez. Ahí están cientos de miles de hombres jóvenes a los que nadie les ha ofrecido una escalera.
Bachata Baseball les ofrecerá: un espacio de formación que los reintegra a la sociedad — enseñando. No un cursillo: un técnico de tres años, con aula desde el primer mes y credencial de Educador de Primera Infancia al final. La carrera tiene nombres de pelota: Novato, Titular, Capitán, Dirigente. El país donde ser maestro de primera infancia se celebra en un estadio es también el país donde el ex-prospecto, el motoconchista y el nini dejan de ser estadística — y se vuelven los hombres que nuestras aulas de inicial casi no tienen. El país recupera dos veces: el niño que aprende, y el joven que vuelve. Al nini le decimos: Novato.
Y fíjate en el nombre, porque ahí está la salida. NINI: ni estudia, ni trabaja. Cuatro letras que describen dos ausencias. Vamos a devolvérselas cambiadas de sentido — con las mismas cuatro:
STEM — Sí Trabaja, Educa y Mejora.
Gozando un poco, sí. Pero fíjate lo que hace el juego: *primero se es STEM — y por eso después se aprende STEM.* El que trabaja, enseña y mejora ya tiene el carácter que la ciencia y la ingeniería piden. Lo que le faltaba no era capacidad: era una puerta. Ese es el STEM dominicano, y es el que abre el otro.
Ni estudia ni trabaja — a Sí Trabaja, Educa y Mejora. Tres años de técnico, y de ahí en adelante lo que él quiera. Abre cualquier parada.
- El sistema le puso un nombre que suena a sentencia. Pero la palabra describe dos ausencias —ni estudia, ni trabaja— y ninguna de las dos es una incapacidad.
- Lo que no tiene es papeles. Disciplina de élite sí tiene: entrenó seis años para llegar a un estadio.
- Va a enseñar lo que ya sabe hacer —jugar, contar, llevar el ritmo, celebrar al que le va bien—. Eso no hay que enseñárselo: hay que ordenárselo.
- Y muchos llegan sin sus propias herramientas. Por eso el técnico corre en dos columnas: lo del niño y lo suyo, al mismo tiempo. Nadie enseña a leer sin leer.
- Aquí pasa la misma puerta que este documento le pone a todo el mundo: ¿puede aprender solo? La pasa tarde —a los veintiséis en vez de a los once—. La pasa igual.
- Es la cuarta puerta funcionando de verdad: entrada probatoria, exigido y apoyado, hasta el hábito. No un paredón al final.
- Aquí se acaba lo que hay que financiar. Tres años, un título del catálogo y un puesto esperando. Todo lo que sigue es opcional — ofrecerlo como si fuera el plan sería mentirle.
- Y el trato tiene dos filos, que es lo que lo hace funcionar. El Estado se compromete al empleo; él se compromete a los años. Tres años pagados, tres años de aula. Si se va antes, devuelve. Sin ese filo, la beca es un regalo — y al regalo nadie le pone el alma.
- Aquí además el marco deja de ser un decreto dormido: esta credencial es el primer enchufe real entre el Catálogo Nacional de Cualificaciones y un aula dominicana.
- El ciclo administrativo deja de ser materia y se vuelve trabajo: presupuesto, meta, iteración, y la evaluación honesta al final.
- Es el mismo peldaño que el muchacho de once años está subiendo en el aula de al lado. La escalera no tiene edad — tiene orden.
- Aquí ya no está dentro del sistema: lo está sosteniendo. Es el fractal completo — el que fue rescatado pasa a rescatar.
- Y es el peldaño que decide si esto dura. Sin gente formada para gobernar, hasta el amor queda a la intemperie.
- Este es el punto del juego de palabras: primero se es STEM, y por eso después se aprende STEM. La actitud abre la disciplina, no al revés.
- Y el que llegó aquí no llegó becado ni rescatado: llegó enseñando. El país recuperó dos veces — el niño que aprende, y el joven que vuelve.
Enseñando, subió la misma escalera que enseñaba.
Léelo dos veces, porque es la idea más importante de esta propuesta y cabe en una línea: enseñando, subió la misma escalera que enseñaba.
El técnico de tres años, por dentro
Y ahora lo aburrido, que es lo que decide si esto existe o se queda en discurso: ¿qué se estudia, quién lo paga y qué firma el muchacho?
Lo que se estudia corre en dos columnas al mismo tiempo, y esa es toda la gracia del diseño. Una columna es lo del niño. La otra es lo suyo — porque muchos de estos jóvenes salieron del sistema sin sus propias herramientas, y nadie enseña a leer sin leer.
| Año | Lo del niño | Lo suyo | La práctica |
|---|---|---|---|
| 1 · Novato | desarrollo de 0 a 6, juego, música y ritmo, apego, protección infantil, primeros auxilios | leer para aprender, escribir, cuentas — su propio ciclo de herramientas, acelerado | acompaña en un aula real, con un titular al lado |
| 2 · Titular | lenguaje y prelectura, número y conteo, arte y expresión, convivencia y conflicto | planificar, medir y corregir — el ciclo CRECER en su propia aula | aula propia, supervisada |
| 3 · Titulado | entregar al niño listo para el ciclo de las herramientas | la familia como socio, el dato de su aula, y su proyecto — la acreditación de lo administrativo | aula propia y un proyecto con la comunidad |
| Sale con | Credencial de Educador de Primera Infancia — nivel 4 del Marco Nacional de Cualificaciones. La misma que pide cualquier centro del país. | ||
Y cobra desde el año uno, porque desde el año uno está trabajando en un aula. Beca-salario, no beca. Un hombre de veinticuatro años no aguanta tres años sin entrar un peso — y ese, y no la vocación, es el motivo real por el que estos programas se caen.
Ahora el filo, que es lo que me faltaba y sin lo cual esto no sirve: el trato tiene dos lados. El Estado se compromete al empleo — hay puesto al salir. Y él se compromete a los años: tres años pagados, tres años de aula. Si se va antes, la beca se le vuelve deuda y la devuelve. Sin esa segunda mitad, lo que hay es un regalo — y al regalo nadie le pone el alma.
¿Y quién paga? Nadie tiene que inventar la escuela ni el dinero. El INFOTEP lleva desde 1980 cobrando el 1% de la nómina de las empresas para exactamente esto, y sus politécnicos ya están construidos. Lo único que falta es una salida nueva en su catálogo. Y la mesa ya está puesta: en diciembre de 2024 el INFOTEP y el INAFOCAM —el instituto que forma al magisterio— firmaron un convenio para capacitar juntos a docentes y facilitadores, con el INAFOCAM usando la capacidad instalada de los politécnicos y los centros tecnológicos del INFOTEP.55 Eso ya existe. Nosotros solo le pedimos que apunte veinte años más abajo — a la primera infancia, y a los que hoy no son ni estudiantes ni trabajadores.
Tres instituciones, tres verbos, ninguna nueva: el INFOTEP forma, el INAFOCAM acredita al magisterio, y el INAIPI emplea.
Y ahora la parte que nadie propone, porque a nadie le conviene proponerla. Esos 600,000 no son una cantera de donde sacar maestros: son la meta. Espíritu Primero existe para vaciar esa cifra. Es un sistema paralelo con fecha de cierre — corre al lado del sistema formal, con su propia puerta de entrada, y se apaga el día que no quede un joven sin ubicar.
Escríbelo en el acta constitutiva, que es donde se escriben las cosas que uno no quiere que se le olviden: el éxito aquí es desaparecer. Un programa que se defiende a sí mismo ya se traicionó. Este se mide por lo rápido que deja de hacer falta — igual que el sol, que irradia y se retira. Success is succession.
Y la pedagogía puede pararse junto a lo mejor del mundo — algo tipo finlandés, tipo Waldorf, tipo Montessori — pero en clave dominicana: con música, y con el inicio de muchos números. El conteo, el ritmo, el box score: la pelota es matemática que se baila. Porque el béisbol te evalúa full — el terreno no miente. Pero también se aprende a jugarlo no solo para ganar: para disfrutarlo. Para compartirlo. Para celebrar a quien le vaya bien. Tenemos que aprender a ser la fanaticada de cada uno de nosotros.

La idea loca: educar es educar
Y aquí va mi idea más loca — y la propongo con todas sus letras: que Bachata Baseball una la educación inicial con la educación final. La educación como eje transversal de la educación misma.
Sube conmigo la escalera de Bloom — esa jerarquía del aprendizaje que va de recordar a entender, aplicar, analizar, evaluar y crear.21 ¿Y qué hay en la cima, más arriba de crear? Lo que los chinos escribieron hace más de dos mil años en el Libro de los Ritos: enseñar y aprender se hacen crecer mutuamente. No dominas algo hasta que lo puedes enseñar. Así que en Bachata Baseball, el estudiante de término enseña al de inicial. El liceo enseña al pre-primario. El novato enseña al que viene detrás. Educar es educar — y el nivel inicial es el nivel de rescate. Es el fractal, hecho pedagogía.
Y a veces no hace falta un aula terminada para que eso ocurra. Solo se necesita un piso. Aquí fue que yo formé —en ese piso— y aquí terminé formándome yo también.

Para nosotros, definir una política de educación es definir una política de Estado. Y aunque yo quisiera que mi país fuera como Suiza — esta propuesta pedagógica tiene que tener merengue, bachata y chicharrón. Tiene que ser auténtica. Tiene que ser auténticamente dominicana.
¿Por qué ser maestro? Lo que Consuelo me enseñó a mí
Educar es enseñar a vivir mejor. Educar no es matemáticas. No es ingeniería, ni lectoescritura, ni geometría, ni estadística. Educar es enseñar a vivir. La frase perdura por dos razones: porque es sencilla — y porque te habla del corazón.
Hace unos años fui a Consuelo sin ninguna misión educativa: fui a hacer un negocio. Y terminé sentado en la oficina del director del Politécnico Inmaculada Concepción, que me dijo: «Mira, Gustavo — este centro es uno de tres, en una plaza educativa que se llama igual que tú: Gustavo Tavares. Porque tu abuelo se llamaba igual que tú.» Primera cosa que aprendí en Consuelo.
La segunda me tomó más tiempo. En un pasillo de esa escuela, la señora Raydelin Ramos me dice: «En Consuelo no hay forma de que se dé una pasantía en informática.» «Yo te voy a ayudar», le dije. El viernes tenía a cuatro jóvenes mirándome con unos ojos enormes — y les enseñé absolutamente todo lo que creí que necesitaban... y ninguno entendió nada. Yo no sabía explicar nada. Ahí recibí el primer regalo de la educación: la humildad. Yo solo sé que no sé nada.
Pude rendirme. Decidí que no. Saqué de abajo — y de repente encontré palabras, formas y métodos que sí conectaban. Y no solo encontré algo grande en mí: lo encontré en ellos. Entre ellos, una niña llamada Taini, que me sorprendió con sus capacidades. Al ser humano, cuando le das la oportunidad, muchas veces te sorprende. Ese es el segundo regalo: la magnanimidad — creer que yo puedo aunque no sé, y que el otro puede aunque tampoco sabe. Esa confianza es el carácter que se necesita para lograr algo en un país como este — y es, de paso, el cimiento de la competitividad de una economía nacional.
Y cuando casi me rindo otra vez, fui donde doña Jacqueline — la misma Jacqueline Malagón de la mesa fundadora del 88 — pidiendo cacao. Ella abrió los brazos. Y no solo ella: todas las maestras y los maestros que se han ido sumando. Ese es el tercer regalo: la solidaridad. La educación te enseña que somos tantos los que queremos aportar — en las buenas y en las malas. Por eso: educar es vivir mejor.
Y mi abuelo, que le puso el nombre a esa plaza sin saber que me la estaba dejando a mí, lo dijo con las palabras de su generación:
«Cada uno, en la medida de sus posibilidades intelectuales y materiales, debe trabajar activamente por lograr que todas las personas, sin importar su condición social y económica, adquieran una educación básica que les permita desarrollar su potencial humano a plenitud. No hay mejor forma de expresar la caridad cristiana que educando a nuestros hermanos.»
— Gustavo Arturo Tavares Espaillat, mi abuelo
El primer año, en números gruesos
Lo esencial: un centro modelo sobre la norma INAIPI en Consuelo (~220 niños de 0 a 5, gratuito, jornada extendida, con ≥20% de educadores varones en pares). Una máquina de reclutamiento: 1,500 inscritos en la plataforma; 130 matriculados en el primer año del técnico —la credencial llega al tercero, y hay que decirlo así—; 25 atletas becados «del diamante al aula». Y el Día Nacional en el estadio: los estadios profesionales están ociosos en verano, así que el último sábado de junio el Tetelo Vargas se llena de primera infancia — 500 niños que no compiten: crean. Los nuevos docentes juramentan en el home plate, con el país viendo que ser maestro se celebra donde se celebran los campeones. KPI del día: 2,000 inscripciones a la plataforma en las 72 horas siguientes.
Cada año, en el estadio, se revela el Box Score público — un marcador corto, comprensible y comparable, que cualquiera lee como se lee la tabla de la pelota: niños atendidos, asistencia, calidad medida por evaluación externa, docentes credencializados, % de hombres en el aula. Lo que se celebra se mide; lo que se mide y se publica, nadie lo desmonta. Y la secuencia política es deliberada: el Día BB año 1 se hace antes de pedir el decreto — se invita al poder a subirse a algo que ya camina. El poder adopta éxitos; rara vez adopta planos.
Y a nivel de leyes, ¿qué hacemos?
En Responsabilidades te pedí que guardaras un dibujo: la pirámide. La ley de hoy. Aquí está su antídoto — la ley que pedimos:

Del dios-faraón al sol. La pirámide concentra y aplasta; el sol irradia y se retira. El ministerio deja de ser dueño de las escuelas y se convierte en su formador: les da luz, las hace CRECER, y las suelta. Un órgano independiente —fuera de la pirámide, como en Chile— mide y adjudica: se acabó el juez y parte. Y cada escuela se convierte en un círculo con su propio doliente en el centro.
¿Y quién está en el centro de cada círculo? Mira lo que pasa cuando te acercas:

El país forma a las escuelas. La escuela empodera al director. El aula forma al estudiante. Y el estudiante educa al prójimo — que vuelve a empezar. Es el mismo dibujo en todas las escalas. Esa es la definición de las monjas de Consuelo convertida en arquitectura: acompañar a cada quien hasta la auto-suficiencia autodidacta. Todo el mundo a CRECER. O como lo aprendimos frente al techo de la Casa de la Cultura: success is succession — cada escala del dibujo existe para traspasarle el poder a la siguiente.
Y ese ministerio, ¿cómo se llama?
Un ministerio que ya no administra escuelas sino que las hace crecer no cabe en el nombre que tiene. Le hace falta uno nuevo — y resulta que lo hemos venido escribiendo desde la primera página:
MEDICINA — Ministerio de Educación, Deporte, Innovación, Creatividad e Integración Nacionales y Arte.
Léelo otra vez, porque cada letra ya viene trabajando en este capítulo. Deporte y Arte son el ciclo del espíritu — y son exactamente la rampa por donde entran al aula inicial los hombres que hoy no están: la pelota y la música. Educación es el ciclo de las herramientas. Innovación y Creatividad son lo administrativo y lo técnico: emprender como proceso, con OKR y con taller. Y la Integración es la promesa de que el que se cayó vuelve.
No es un juego de palabras: es un pedido concreto. Que el deporte, la cultura y la innovación —hoy repartidos en ministerios que no se hablan— vivan bajo el mismo techo que la educación, porque en la vida de un muchacho ya viven juntos. Se llama MEDICINA porque la enfermedad no duele donde está. Y porque la que cura no es una materia sola: son las seis juntas.
PA-GANA: la APMAE con dientes
Espíritu Primero metió a los jóvenes a enseñar el primer ciclo. Falta el segundo — el de las herramientas, lo que hasta ahora llamábamos primaria. Y ese no lo cuidan los jóvenes: lo cuidan los mayores.
¿Quién es, con nombre y apellido, el doliente en el centro de cada círculo? Ya lo conocemos en papel: la APMAE — la Asociación de Padres, Madres y Amigos de la Escuela. Existe en cada centro del país... como existían las Juntas de la Ordenanza 02-2008: sillas dormidas. Vamos a crearla de nuevo — esta vez con dientes:
PA-GANA — Padres Aliados para la Gobernanza y el Aprendizaje de Niños y Adolescentes.
Cada palabra trabaja. Padres Aliados deja claro quiénes integran la organización. Gobernanza comunica participación en decisiones, seguimiento y rendición de cuentas. Aprendizaje mantiene el vínculo directo con la misión de la escuela. Niños y Adolescentes incluye a toda la población estudiantil. Y el nombre completo dice la verdad más importante del diseño: cuando las familias participan, la escuela gana — y el estudiantado gana.
¿Y con qué se le ponen los dientes? Con las dos piezas de la matriz que vimos en Responsabilidades: formación y autoridad. Holanda enseña la autoridad: el financiamiento sigue al niño, los padres tienen asiento legal en el consejo de cada escuela, y sus quejas alimentan formalmente al inspector.6
PA-GANA vive en la casilla ganadora: sabe y puede — y el candado legal impide que se lo quiten. Los padres necesitan las dos cosas: la habilidad escrita en la ley —ver, comparar, convocar, decidir— y la formación para ejercerla. Empecemos un plan META 2100 donde esa habilidad quede sembrada — y se siga sembrando — para los próximos cien años, no para este gobierno.
Y bajemos los dientes a tierra, uno por uno, porque ahí es que muerde el diseño. Primero: PA-GANA co-decide el plan de mejora del centro — no lo escucha: lo firma. Segundo: vigila el Box Score del centro — el mismo marcador del estadio, ahora por escuela: aprendizaje, asistencia, clima y gasto por estudiante, publicado para que cualquier madre lo lea sin que nadie se lo traduzca. Tercero — y este es el colmillo: al cierre de cada ciclo, PA-GANA renueva —o no— el convenio de la dirección del centro. Sin esa consecuencia, la silla vuelve a dormirse. Y cuarto, la sangre del sistema: el financiamiento sigue al estudiante y se pondera por vulnerabilidad — la lección holandesa hecha nuestra. Donde va el niño, van los recursos; y quien más necesita, más recibe.
Ahora vuelve a la curva de Responsabilidades. Un sistema mejora cuando cambia quiénes se necesitan para ganar. PA-GANA es exactamente eso: la coalición que mete al ciudadano —a la madre, al padre, a la abuela— entre los que se necesitan. Cuando cada centro tiene una junta formada que ve el dato y produce consecuencia, repartir botín deja de ganar — y producir aprendizaje empieza a ganar. PA-GANA es nuestro punto de inflexión: la palanca que nos baja del juego de influencias y nos monta en el cohete que pedimos en Responsabilidades.
Y ojo con leer a Kenia como pastilla mágica. Si 90 minutos de formación lograron una mejora grande, imagínate lo que puede pasar con un acompañamiento continuo, supervisado por varios sectores, construyendo sociedad civil durante 10–15 años. Eso sí tendría impacto. Los 90 minutos son el piso — no la receta. La receta es el cultivo.
Ahora, una advertencia para los que se sienten en PA-GANA — y viene de un general. Stanley McChrystal tuvo que reinventar la fuerza de tareas más poderosa del mundo, y lo aprendió a la mala:20
«El entorno en que todos operamos ahora —en cambio constante, absolutamente implacable— niega la satisfacción de todo arreglo permanente. La organización que armamos, los procesos que refinamos y las relaciones que forjamos no son más duraderas que el acondicionamiento físico que mantenía en forma a nuestros soldados: una organización debe ser liderada constantemente o, si es necesario, empujada cuesta arriba hacia lo que debe ser. Deja de empujar, y no es que sigue — ni siquiera se queda en su lugar: rueda hacia atrás.»
— Stanley McChrystal, Team of Teams (traducción libre)
Esto no se siembra una sola vez. Es un esfuerzo constante, sin parar — y es un esfuerzo donde el ministerio, el sector empresarial y las familias tienen que empujar juntos. La Casa de la Cultura rodó hacia atrás exactamente así: se dejó de empujar.
Y aquí me toca diferir — con todo el amor — de mi propio abuelo. En su documento de 1988, él escribió que la campaña debía llevar a «la convicción popular de que es responsabilidad del Estado (sociedad) garantizar a cada ciudadano una educación».19 Treinta y ocho años después, yo lo digo distinto: lo que hay es que mantener el Estado chico — para que siga getting out of the way. La responsabilidad de la sociedad civil no es entregarle el jardín al Estado: es deshierbar el Estado. Gobernar es deshierbar. El sol que pedimos no es un Estado que lo hace todo; es un Estado que da luz, arranca la mala hierba — y deja crecer.
¿Y el papel del sector privado en esta siembra? Dejar de ser solo empresarios — y volverse inversionistas. El inversionista de verdad se empodera empoderando; no se enriquece extrayendo. Esa es la genialidad de Y Combinator que quiero copiar completa: invierte, empodera — y suelta, apoyando desde la distancia. ¿Cómo se ve ese apoyo? Mentoría cuando se pide. Red cuando se necesita. Capital cuando se gana. Y nunca el timón. No dirige las empresas que financia. Igual que el sol. Igual que las monjas. Success is succession.
Y mira lo que quedó armado sin que nadie lo planificara así. En el primer ciclo entran los muchachos de veinte que no tenían dónde caerse muertos, a enseñar. En el segundo entran los padres, las madres y las abuelas, a gobernar. Los jóvenes y los mayores, sobre la misma escalera, sosteniendo cada uno el peldaño del otro. Eso no es un programa social: eso es un país volviendo a hablarse.
Escribir el estándar en la ley — no en reglamentos
La Ley 66-97 delegó sus dientes a reglamentos. Y lo que se da por reglamento, por reglamento se quita. Por ahí entró la captura: la evaluación existía en el papel, y nadie creía en ella ni podía ejecutarla.
Los estándares no pueden depender del ardor de un momento de esperanza. Ni siquiera de este. El mundo ya corrió el experimento en las dos direcciones:
Perú dejó los estándares a merced de la política. En 2024 su Congreso —alegando que «faltan maestros», nuestra misma escasez hecha argumento— devolvió al aula por ley a los docentes cesados por no aprobar la evaluación.4 El mismo pecado, con otra bandera.
Chile escribió los estándares, las mediciones y el árbitro en la ley misma —la Ley 20.529— y lleva década y media sosteniéndolos por encima de los gobiernos de turno.5 Dos instituciones independientes miden y fiscalizan, separadas del ministerio que provee. El principio es intuitivo: nadie puede ser juez y parte.
Nosotros no podemos ser Perú. Vamos a ser Chile — o mejor.
Las mesas MEDICINA: la evidencia, hecha dominicana
¿Y cómo aplicamos los hallazgos de Kenia, de Jaunpur, de Holanda — y los hacemos únicamente nuestros?
Con mesas MEDICINA. La receta keniata cabía en 90 minutos: formación breve + autoridad real. La nuestra es una mesa en cada centro donde PA-GANA, el director y los maestros hacen juntos el ciclo CRECER: ven el dato, comparan, convocan, deciden — y celebran. La formación de los padres es el remedio; la autoridad escrita en la ley es la dosis que impide que se lo quiten. La medicina no se predica: se toma. En mesas, centro por centro, hasta que el hábito quede sembrado — META 2100.
Y fíjate qué se está haciendo ahí, exactamente. Ver el dato, comparar, decidir con las cuentas delante: eso es el ciclo administrativo — el mismo que le pedimos al muchacho de once años. Y leer, escribir, buscar y dudar con método: eso es el ciclo de las herramientas. La mesa es la escalera practicada por adultos. Los padres aprenden en la mesa lo mismo que sus hijos están aprendiendo en el aula — y por eso funciona: nadie exige un hábito que él mismo no está sudando.
Porque hay que decirlo con todas sus letras: CRECER es para siempre. Esto no es siembra y vámonos. Es un cultivo — parecido al maíz — y en diferentes mesas lleva distintos ritmos: en tu vida, tu negocio o tu aula, se siembra a diario. En tu familia extendida, semanal. En los PA-GANA, mensual — o hasta bisemanal. Y como país, tendremos nuestro círculo de CRECER anual: esa es nuestra rendición de cuentas. Lo sembrado da fruto — y da semilla. Y la semilla no se guarda: se vuelve a sembrar.
Y una idea súper innovadora que la mesa pone sobre la mesa: ¿por qué los hombres no se hacen parte de la educación inicial y primaria? En nuestras aulas de primera infancia casi no hay varones. Un niño dominicano puede pasar sus primeros diez años sin ver a un hombre enseñar — y después nos preguntamos por qué enseñar «no es cosa de hombres». Por eso la rampa de entrada es el deporte y la música: la D y la A del ministerio, haciendo el trabajo que ningún llamado a la vocación ha logrado hacer.
La escuela-gimnasio: donde el técnico sale a producir
Ya tenemos quién enseña el primer ciclo y quién cuida el segundo. Falta la casa donde el cuarto —el técnico— se pone de pie. Y en la apertura te prometí TUMO: aquí va.
¿Qué ponemos en la escuela? La escuela debe ser casi un centro comunitario — mucho más expandida: abierta también sábado y domingo, y no solo PREPARA. Cada escuela, un laboratorio, un makerspace, una cancha. Un espacio 24/7 — un poco como el TUMO de Armenia: un centro donde el muchacho entra gratis después de clases y sale sabiendo animación, música, robótica — lo que su curiosidad aguante.
Y llamarla gimnasio no es adorno. A un gimnasio no se va a dormir: se va a levantar peso. Se va a hacer, a reparar, a fallar, a repetir hasta que salga. Ese es el ciclo técnico con su casa: el músculo, el hábito y la disciplina que hacen falta después — cuando ya no hay maestro parado al lado. El aula del modelo post-IA se libera dos horas al día; el gimnasio es donde se gasta ese tiempo liberado. Eso es CRECER en horario escolar.
Y esta casa nos regala algo fabuloso: se queda con el quinto ciclo. Hoy el crecer y el educarnos es constante — la adopción de tecnologías acelera, y ya no basta con maestría y doctorado. Antes, la necesidad de formación se acababa a los veinte; hoy cada ola tecnológica la vuelve a subir. La escuela — al pasar de APMAE a PA-GANA — puede volverse el lugar de esa formación constante y transversal. Ese es el ciclo continuo, el que no tiene edad de salida, y esta es su casa. Es casi volver a la idea griega: la escuela será un gymnasium — el gimnasio de la vida:
De hecho, de ser así, la escuela pública se volverá la primera opción de todos. Ahí sí hay visión.
Los tres actores salen del drama
Al principio del documento viste la teoría: los dos triángulos y sus seis papeles. Ahora mira el pleito con nombres y apellidos —y en movimiento. Los roles no son identidades. Describen cómo actúa cada institución en un momento; por eso el triángulo gira y quien hoy acusa mañana puede victimizarse o rescatar.

La salida no consiste en declarar quién es bueno y quién es malo. Consiste en cambiar el objeto del poder. En la configuración productiva de esta historia, el maestro deja de defenderse y se vuelve Creador; EDUCA deja de rescatar y actúa como Coach; el ministerio deja de mandar y acompaña como Amigo —con infraestructura, datos y reglas, pero sin volver a tomar el timón. Mañana los papeles pueden volver a moverse. Lo que no cambia es la regla: presencia, agencia y responsabilidad.
La salida salomónica: la cuarta puerta
Vuelve al político y sus tres puertas. Recuerda el contexto completo: una promoción entera de maestros que se quemó, un país con la mitad de su gente en pobreza — y aulas que necesitaban maestros el lunes. ¿De verdad solo había tres puertas? No. Había una cuarta:
D. Enviarlos al aula con observaciones y acompañamiento. Entrada probatoria de varios años, exigidos y apoyados hasta el hábito de la excelencia. La cobertura sube y el estándar queda claro.
¿Y por qué nadie la vio? Porque la D no se puede ver sin la definición completa de la dignidad — y esa la acabamos de construir en Exploración: piso y movimiento. En los noventa escogimos solo el nivel: dimos el puesto —el piso, que sí hacía falta— y negamos el movimiento. Los aprobamos y los soltamos. Sin exigencia y sin apoyo.
Como dicen: no es lo mismo con guitarra que con violín. Con la guitarra de entonces —sin dignidad definida, sin árbitro independiente, sin doliente con poder— la D era un discurso bonito. Con el violín de hoy —dignidad definida, estándar en la ley, familias formadas y con autoridad— la D es una política ejecutable.
Y hay que decir la D completa: no es solo la puerta que no vimos en los noventa — es la puerta que ahora dejamos abierta a propósito. Porque ya lo sabemos desde la entrada: nuestra formación, al principio, no va a ser suficiente para los niveles mínimos que soñamos. Anticipémoslo. Diseñemos los acompañamientos antes de necesitarlos. Eso es exactamente lo contrario del pecado original: en vez de una mentira fundacional, una humildad fundacional.
Y cuenta con eso también en Espíritu Primero: muchos se van a quemar en el camino — el funnel lo dice sin pena: 1,500 entran, 130 llegan a la credencial. La diferencia es que ahora lo anticipamos. Al que se quema no se le bota: se le acompaña — y su historia también cuenta. Porque la meta país es una sola: que cada dominicano pueda decir quiero, puedo y soy capaz.
Y quiero decir con precisión lo que esto no es. No es no child left behind — ni siquiera no person left behind. Esas frases prometen que nadie se cae, y eso es mentira: la gente se cae. Todo el mundo se cae. Lo que prometemos es otra cosa, y es más difícil de dar: un sistema siempre dispuesto a integrar, a re-integrar y a reformar. Que la puerta esté abierta la primera vez, la segunda y la quinta. Que volver no cueste vergüenza. Que tu participación se celebre — no que se te tolere.
Esa es la I del ministerio, hecha regla del sistema: Integración. Y es la misma en los cinco ciclos. El de once años que no pasó la puerta de fluidez, vuelve. El de diecisiete que dejó el técnico a medias, vuelve por donde se quedó. El maestro de la promoción que se quemó en el 96, vuelve. El nini de veintiocho, vuelve — y de paso vuelve enseñando.
Y fíjate que la D también resuelve el problema del político — el del aquí y el ahora. No le pedimos santidad ni paciencia de estadista: le diseñamos reglas donde la puerta correcta también gana el presente. El Día BB le da el titular este año. El Box Score le da resultados que mostrar cada temporada. La juramentación en el home plate se celebra en esta gestión — no en la próxima. Cuando la buena política también paga hoy, el votante y el niño dejan de competir.
Y aquí aterriza el embrollo humano que dejamos pendiente en Responsabilidades: ¿qué hacemos con mis colegas maestros — que dependen de ese trabajo para su mínimo bienestar (ojo: no dije dignidad), y a quienes se les pide aceptar una evaluación que nació sobre una mentira?
Hoy completamos la definición — y se la ofrecemos primero a los maestros:
El piso se respeta: perdón y cuenta nueva. Nadie negocia su bienestar mínimo.
El movimiento se exige: entrada probatoria, permanencia ganada con el desempeño, y apoyo real de ambos lados.
La alternativa D, treinta años después. Hasta eso tiene evidencia experimental.7 Y no creas que el filtro tardío es historia antigua: Concurso de Oposición 2023 — 63,467 aspirantes, 45,746 fuera.11 Se quemaron, tituló la prensa. El mismo verbo, tres décadas después: el filtro sigue llegando a la salida, cuando ya es tarde. La D lo mueve hacia adentro — exigencia y apoyo durante el proceso, no un paredón al final. El perdón no es amnesia: es la única moneda que puede comprar el estándar. El Perdón es la base de la Productividad.
Ahora bien — vimos el aula que va a cambiar el mundo. Pero el cambio más importante empieza por ti. ¿Cómo va a cambiar tus actitudes?
Lo más grande que puede hacer esa aula es cambiar tu actitud hacia el servicio. Y aquí es bueno considerar el legado de John F. Kennedy — presidente, y de paso autor de mi libro favorito, Perfiles de Coraje: «No preguntes qué puede hacer tu país por ti; pregunta qué puedes hacer tú por tu país.»9
Al final del día, cambiar el mundo empieza por ti. Y para saber si de verdad estás cambiando —y no solo contándote un cuento bonito— la rueda gira hacia la estación que marca la diferencia: Evaluación y Educación.
Evaluación y Educación
¿Y si el eslabón débil eres tú?
Toda esta propuesta cuelga de una sola estación: la evaluación. Y la evaluación tiene un enemigo. No es la ADP, ni el MINERD, ni el presupuesto. Es uno que llevamos dentro, y hay que llamarlo por su nombre:
El razonamiento motivado: llegar primero a la conclusión — y reclutar después los argumentos como abogados defensores.
Yo le llamo empezar la casa por el techo — y jurar que así se construye. Y en este documento ya vimos lo que pasa con los techos.
El orden correcto es: examinar → argumentar → concluir. El razonamiento motivado invierte la fila: concluir → decorar con argumentos → defender hasta la muerte.
No es un invento moderno. Hace 2,500 años, en Atenas, los sofistas cobraban por enseñar exactamente eso: ganar el argumento — no encontrar la verdad. Protágoras presumía de hacer que el argumento más débil pareciera el más fuerte. Hoy la técnica es la misma; solo cambió la moneda. El sofista clásico cobraba en dracmas. El moderno cobra en aplausos, en likes, en el gusto —dulcísimo— de tener razón elegantemente. Y la versión más peligrosa es la más íntima: el auto-sofisma — sernos sofistas a nosotros mismos.
Y el peligro nunca ha sido mayor. Lo dijo el biólogo E. O. Wilson con una frase que debería estar tallada en la puerta de cada ministerio:22
«Tenemos emociones del Paleolítico, instituciones medievales y tecnología propia de un dios. Y eso es terriblemente peligroso.»
— E. O. Wilson
El razonamiento motivado, en un mundo de palos y piedras, costaba una discusión. En un mundo con tecnología de dioses, cuesta países enteros. Por eso la estación de evaluación ya no es opcional.
¿Ves por qué esto es la estación decisiva de cualquier reforma? Treinta años de planes, y cada plan llegó con su conclusión querida bajo el brazo. La evaluación existía — en el papel. El razonamiento motivado hizo el resto.
El antídoto es viejo y es gratis
Tiene 2,500 años y lo practicaba un señor que caminaba descalzo por Atenas haciendo preguntas incómodas. Tres costuras que revisar antes de defender cualquier posición:
1. ¿Qué evidencia me haría cambiar de opinión? Si la respuesta es «ninguna», no tengo un argumento: tengo una devoción.
2. ¿Mi dilema es real o es retórico? Todo «¿A o B?» merece la contrapregunta: ¿y por qué no D? Ya lo viste en el pecado original: parecían tres puertas — y existía la cuarta.
3. ¿Quién me está pagando? No en pesos: en aplausos, en la comodidad de no desdecirme. Conocer tu moneda no te hace corrupto; te hace honesto.
Los tres grandes intentos de la humanidad
¿Y no habrá inventado la humanidad un método que nos salve de nosotros mismos? Lo hemos intentado en serio, tres veces. Y en los tres intentos, el eslabón débil resultó ser el mismo.
El método científico parte de la premisa más honesta: asume que vas a hacer trampa. Hipótesis falsables, revisión por pares, replicación. Y aun así: crisis de replicación, p-hacking, estudios que solo se publican si confirman lo esperado. El científico motivado no viola el protocolo — lo cumple selectivamente. El razonamiento motivado no le teme a la bata blanca: se la pone.
El método del caso te sumerge: decide y defiéndete ante ochenta pares que concluyeron lo contrario. Un gimnasio de humildad epistémica — con una grieta elegante: el aula premia al que argumenta mejor, no al que ve mejor. Puede graduar analistas — o sofistas de lujo.
Agile, Scrum, Lean descubrieron algo enorme: acortar el ciclo. Chocar con la realidad cada dos semanas. Y aun así existe el agile de cartón: retrospectivas donde nadie dice nada incómodo, standup recitado como rosario sin fe. El ritual sobrevive; el examen muere.
Los tres métodos comparten anatomía: todos tienen una estación de evaluación — y todos se corrompen exactamente ahí. No en el diseño: en el humano que llegó con una conclusión querida bajo el brazo. Aristóteles lo dijo con una palabra: phronesis — debajo de todo método hay, inevitablemente, un carácter. El método sin virtud es un checklist para sofistas. La virtud sin método es buena intención sin tracción.
Y si debajo de todo método hay un carácter, alguien tenía que ponerle nombres. Lo hizo un entrenador de baloncesto. John Wooden ganó diez campeonatos nacionales en doce años con UCLA — pero en 1948, mucho antes del primero, se sentó a dibujar esto: quince bloques de carácter en cinco pisos, y diez virtudes de mezcla pegándolos por los bordes.68
Los quince bloques, con la definición de Wooden adentro de cada uno. Se construye de abajo hacia arriba: la base primero.
Éxito. El éxito es la paz mental que resulta directamente de la satisfacción de saber que diste lo mejor de ti para llegar a ser lo mejor que eres capaz de ser.
- Fecree que va a pasar
- Luchaesfuerzo y brega
- Ingeniobuen juicio
- Adaptabilidada cualquier situación
- Ambiciónbien enfocada
-
-
Grandeza competitiva
Da lo mejor de ti cuando lo mejor de ti hace falta. Amor de verdad por una batalla dura.
-
Grandeza competitiva
-
-
Aplomo
Ser uno mismo, sencillamente. Estar a gusto en cualquier situación. Nunca pelear contigo mismo.
-
Confianza
Respeto sin miedo. Puede venir de la fe en ti mismo, de saber que estás preparado.
-
Aplomo
-
-
Condición
Mental, moral, física. Hay que considerar el descanso, el ejercicio y la dieta.
-
Destreza
Conocer los fundamentos y poder ejecutarlos como se debe. Prepárate. Cubre cada detalle.
-
Espíritu de equipo
Ganas de sacrificar el interés o la gloria personal por el bienestar de todos. «El equipo va primero.»
-
Condición
-
-
Dominio propio
Emociones bajo control. Ajuste delicado entre la mente y el cuerpo. Conserva el juicio y el sentido común.
-
Atención
Observa constantemente. Sé rápido para ver una debilidad y corregirla — o para usarla, según el caso lo amerite.
-
Iniciativa
Cultiva la capacidad de decidir y de pensar solo. Deseo de sobresalir. No le tengas miedo a fallar.
-
Firmeza
Capacidad de resistir la tentación y de mantener el rumbo. Concéntrate en tu objetivo y decídete a alcanzarlo.
-
Dominio propio
-
-
Industriosidad
No hay sustituto para el trabajo. Las cosas que valen la pena vienen del trabajo duro y de planificar con cuidado.
-
Amistad
Nace de la estima mutua, el respeto y la devoción. Un aprecio sincero por todos.
-
Lealtad
A ti mismo y a todos los que dependen de ti. Guarda tu propio respeto.
-
Cooperación
Con todos los niveles de tus compañeros. Ayuda a los demás y mira el otro lado.
-
Entusiasmo
Tu corazón tiene que estar en tu trabajo. Estimula a los demás.
-
Industriosidad
- Paciencialo bueno toma tiempo
- Fiabilidadotros dependen de ti
- Integridadhabla por sí sola
- Honestidaden todo
- Sinceridadhace amigos
La Pirámide del Éxito, de John Wooden (1948). Reproducida fiel y traducida al español por MEDICINA para CRECER; los quince bloques, sus definiciones y las diez virtudes de la mezcla son suyos, no nuestros.
La destreza está en el tercer piso, es una de quince, y para llegar a ella hay que subir por nueve que ningún curso enseña. Wooden no era filósofo: era un hombre que tenía que ganar partidos, y dibujó primero las virtudes y no las jugadas. Nosotros, que tenemos que ganar un país, todavía dibujamos el pénsum.
Conclusión, y es un teorema que duele: el eslabón débil siempre serás tú. El método puede vigilarte (ciencia), exponerte (caso), acortarte la cuerda (agile). Lo que ningún método ha logrado es quitarte las ganas de tener razón.
¿Recuerdas la principal creación que definimos — un país que se atreve a ver la verdad? Aquí está su enemigo íntimo. El 7.8% no es un dato de opinión pública: es el razonamiento motivado a escala nacional. Un país entero que llegó primero a la conclusión de que la herida está en otra parte — y recluta cada apagón, cada atraco y cada tarjeta de crédito como abogado defensor.
El quizás
Aquí entro en zona de máximo peligro, así que declaro el conflicto de interés: lo que sigue es una hipótesis sobre un método que es mío. Tengo todos los incentivos para creerla. Ustedes tienen todo el derecho a sospechar.
CRECER es un ciclo, como el sprint y el experimento — y como todos, cuelga de su evaluación. La diferencia —quizás, pero solo quizás— es que CRECER no trata la honestidad del evaluador como un supuesto externo: le pide al que evalúa algo que ningún manual de Scrum le pide. Compasión. Y la compasión no es decoración espiritual — es epistémicamente estructural, por dos vías:
Hacia adentro: el razonamiento motivado es defensa del ego — protejo mi conclusión porque estar equivocado me cuesta identidad. La compasión propia baja esas apuestas: si mi valor no depende de tener razón, puedo mirar la evidencia sin pestañear.
Hacia afuera: reconstruir la posición del que piensa distinto en su versión más fuerte —el principio de caridad— no es cortesía: es tecnología de la verdad. El que caricaturiza al adversario se queda sin acceso a lo que el adversario vio. (Por eso este documento empezó poniéndose en los zapatos del político — y no acusándolo.)

La ciencia asume que harás trampa y te pone policía. El agile asume que te dormirás y te pone despertador. CRECER intenta algo más ambicioso y por eso más frágil: disolver el motivo de la trampa — no blindar el método contra el eslabón débil, sino entrenar al eslabón.
Y como este documento predica que toda tesis debe declarar su condición de derrota, aquí va la mía: si una evaluación CRECER hecha «con compasión» detecta los mismos errores —o menos— que una retrospectiva de Scrum bien facilitada, mi quizás muere, y lo enterraré públicamente. Eso es medible, y pienso medirlo.
Y si en algún punto de esta propuesta me ves empezando la casa por el techo, hazme el favor más grande que un lector le puede hacer a un escritor: no respondas mi pregunta. Cuestiona mi pregunta.
El sofista perfecciona el argumento. El que crece se perfecciona a sí mismo.
¿Cómo se aplica una evaluación CRECER?
Lo más importante son los principios. La caridad, para darnos el permiso de ver la verdad. Y por más duro que sea lo que veamos, la auto-misericordia — para no querer engañarnos.
¿Cómo sabemos si estamos aplicando bien ese CRECER? ¿Qué se hace en los distintos ámbitos donde uno trabaja? ¿Cuál sería una buena rúbrica en el mundo personal? ¿En el empresarial? ¿Dentro de una junta comunitaria? ¿O —atrévete— como país?
Porque esta es la vara con la que mido mi propio quizás: CRECER funciona si logramos que las evaluaciones —y las educaciones— funcionen en esos contextos. No en el papel: en la casa, en la nómina, en el acta, en el dato duro.
Vamos a empezar por la más fácil.
La evaluación CRECER individual
Primero, el gesto. Una evaluación CRECER no te compara con nadie:
Te compara con tu rayita anterior.
La rayita en la pared — la que hace cualquier familia en el marco de una puerta. Nadie mide a su hijo contra el hijo del vecino: lo mide contra su propia marca del año pasado. Ese gesto, doméstico y gratis, es toda la filosofía de evaluación que esta propuesta necesita.
Y si la rayita bajó, se dice sin pestañear: bajó — y eso es dato, no falta. Porque una evaluación que castiga la verdad enseña a mentir, y ya vimos quién gana cuando se enseña a mentir: el sofista que llevamos dentro.
¿Y qué se pregunta? Nada que inventar: la rúbrica es el acróstico. Una pregunta por letra, una escalera por pregunta — y así siempre podremos volver a la misma prueba de fuego: ¿cómo funciona CRECER en…? Si la respuesta no cabe en las seis letras, sobra la respuesta — no las letras.
C — Compasión. ¿Por quién hice esto — y lo escuché de verdad? La escalera: oí sin escuchar → escuché para responder → escuché para entender → cambié algo por lo que escuché → ayudé a otro a ser escuchado. No es cortesía: es tecnología de la verdad — el principio de caridad hecho peldaños. El que no escucha se queda sin acceso a lo que el otro vio.
R — Responsabilidades. ¿Qué era mío — y respondí por ello? La escalera: esperé a que la vida decidiera → hice lo urgente → cumplí lo que prometí → me hice cargo sin excusas → respondí también por el crecimiento de otro. La evidencia formativa tiene aquí su quinta estrategia, la que casi nadie implementa: el que aprende, dueño de su propio aprendizaje.30 Sin dueño no hay doliente; sin doliente no hay continuidad.
E — Exploración. ¿Qué tan corta fue mi desilusión? La escalera: todavía estoy trabado → volví, pero a lo seguro → volví a intentar → volví ese mismo día → volví con una pregunta nueva. Es la pregunta que ningún examen del mundo hace, y la que más predice una vida. La investigación le puso hasta nombre: fracaso productivo — los que se traban antes de la instrucción aprenden más hondo que los que nunca se trabaron.31 El que vuelve con una pregunta nueva convirtió la herida en brújula.
C — Creación. ¿Qué hice que antes no existía? La escalera: consumí lo que otros hicieron → copié un modelo → lo adapté a mi manera → creé algo nuevo → alguien ya usa lo que creé. La evidencia de la vuelta es un artefacto, no una intención.32
E — Evaluación · Educar. ¿Qué aprendí de verdad — y a quién se lo enseñé? Aquí baja al piso todo lo de este capítulo. Por eso la E se examina a sí misma con cuatro pruebas, sin abogado defensor:
- ¿El problema me dolió — o me lo asignaron? El interés no se finge: se nota en lo que haces cuando nadie te mira.
- ¿Perseguí las implicaciones? Toda respuesta de verdad abre puertas incómodas. El sofista las cierra; el que crece las cruza.
- ¿Qué tan honda fue la investigación? ¿Examiné — o decoré una conclusión que ya traía?
- ¿Bajó a la práctica? El aprendizaje que no cambia una acción es opinión con buena memoria.
Y luego, la escalera: lo vi pasar → lo puedo contar → lo puedo usar → lo puedo enseñar → ya lo enseñé. Esconde a Bloom sin nombrarlo,33 y el peldaño final tiene su propia ciencia: enseñar a otro es de las formas más potentes de consolidar lo aprendido — el efecto protégé.34 La prueba final del dominio no es el examen: es el prójimo que ahora sabe lo que tú sabías.
R — Regocijo. ¿Qué celebré — y me dio ganas de otra vuelta? La escalera: pasé a lo siguiente sin mirar → me alivié de que terminara → reconocí lo logrado → lo celebramos juntos → el gozo me pidió otra vuelta. Y aquí Aristóteles guarda su carta más fina: el placer que sientes al hacer lo bueno no es el premio del hábito — es la señal diagnóstica de que el hábito ya vive en ti.35 El Regocijo no es el postre de la evaluación: es su termómetro. La vuelta que no se celebra no se repite; el hábito que no se repite no es hábito.
Míralas otra vez, las seis escaleras. Todas suben por el mismo camino, y ese camino son los tres tipos de educación que existen: Información — te llegó (necesaria, y donde nuestro sistema se quedó a vivir). Formación — te cambió: la hexis trabajando. Creación — ya sales tú.
Y el detalle que no es detalle: el peldaño más alto de las seis escaleras es siempre el prójimo. Una evaluación donde nadie llega arriba solo no puede producir el sofista que produce el examen de filtro. Está en la arquitectura.
Una nota de registro antes de subir de ámbito, porque la misma evaluación cambia de voz con la edad. De 0 a 5 no se evalúa al niño — se le observa, en historias escritas a mano por los adultos que lo acompañan, porque los retornos más altos jamás medidos en educación están en esa primera vuelta.36 En primaria son tres peldaños —uno por educación— en papel y en la mano del niño, porque escribir a mano consolida y la honestidad para autoevaluarse todavía madura.37 De secundaria en adelante, la evaluación formativa despliega la evidencia más fuerte de toda la ciencia educativa,38 y cada vuelta puede volverse credencial verificable: portátil, del que aprende — no de la institución.39
En el mundo empresarial
La misma rueda, con una diferencia que hay que decir de frente: aquí el resultado entra a la evaluación. ¿Qué prometimos? ¿Qué entregamos? ¿Por qué la diferencia? Es el after-action review, es el ciclo de Deming, es el kaizen que la industria practica desde hace setenta años.40 La diferencia se examina sin culpa — es la materia prima de la E.
Pero la evidencia traza una línea roja que se adopta sin negociar: la evaluación de crecimiento vive aparte del bono. Nashville pagó hasta quince mil dólares a maestros por subir puntajes — y no movió nada.41 Paga por el número y tendrás el número. No el aprendizaje.
La escalera empresarial de la E lo dice a su manera: lo vi en la retro → lo puedo explicar → lo apliqué → lo documenté para el equipo → entrené a alguien. Y la de Creación termina donde debe: el cliente ya lo usa.
Dentro de una junta — directiva o comunitaria
La rueda gira un piso arriba y cambia de objeto — y confundir esto rompe organizaciones. Hay una productividad operativa, la del que hace el trabajo: ¿cómo enseño, produzco, sirvo mejor? Y hay una productividad de gestión, la del que gobierna: ¿tiene la gente la autoridad que necesita? ¿Apuntan los incentivos a lo que importa? ¿Medimos lo que importa o lo que es fácil? ¿Qué burocracia estorba?
La junta no evalúa el trabajo: evalúa la estructura que deja trabajar. Su escalera de Compasión sube hasta dimos voz a quien no la tenía; la de la E sube hasta se lo enseñamos a la junta que viene — porque las juntas rotan, y lo aprendido solo cuenta si queda en el acta y se entrega.
Y aquí la evidencia obliga a una honestidad que le debo al lector, porque toca el corazón de esta propuesta: la voz del doliente, sola, no basta. En El Salvador, las escuelas administradas por la comunidad mejoraron el aprendizaje y bajaron el ausentismo.42 En la India, informar a los comités comunitarios de educación no movió nada.43 ¿La diferencia? Voz acompañada de capacidad y de información que se pueda usar — contra voz de adorno. La rúbrica de una junta tiene que preguntarse eso mismo: ¿le dimos a la voz las herramientas, o le dimos el micrófono apagado?
Lo que crece en cada peldaño
En Creación montamos la escalera: cinco ciclos, de los cero a los sesenta, cada uno cerrado no por el calendario sino por algo que hay que demostrar. Vuelve a mirarla ahora con la pregunta de este capítulo encima: ¿qué es exactamente lo que va creciendo?
Porque un sistema que solo acumula contenido produce gente que sabe mucho y discierne poco. Lo que esta escalera acumula es otra cosa.
Los cinco ciclos, otra vez. Abre uno: qué se evalúa ahí, y qué va creciendo vuelta tras vuelta.
- Aquí la evaluación no mide al niño: mide al adulto y al entorno. La vara más temprana se le pone al que está mirando.
- Y el instrumento no es una prueba — es una historia escrita a mano por quien lo acompaña. Los retornos más altos jamás medidos en educación están en esta vuelta.
- Dudar con método se evalúa como herramienta, no como contenido: no «¿te lo sabes?», sino «¿cómo sabes que es verdad?».
- Aquí nace el antídoto contra el sofista que llevamos dentro — separar lo que uno examinó de lo que uno quiere que sea cierto.
- Es el peldaño que hace posible todo lo demás de este capítulo: quien no aprendió a medir no puede evaluarse — y quien no puede evaluarse depende de que otro lo evalúe.
- Aquí la rayita deja de ser algo que le hacen a uno y pasa a ser algo que uno se hace.
- Es el primer ciclo donde la realidad evalúa sola. La lámpara enciende o no enciende; el paciente mejora o no mejora.
- Por eso es el mejor gimnasio de la honestidad: aquí el razonamiento motivado se estrella contra algo que no discute.
- Aquí la escalera se muerde la cola: el peldaño más alto de cada letra es el prójimo, y el más alto de todos es enseñar.
- Es donde el ciclo deja de necesitar quien lo empuje. Ya no evalúas porque te evalúan: evalúas porque no sabrías trabajar de otra manera.
Léela de abajo hacia arriba y es una sola frase: ganas → duda → vara → honestidad → phronesis. Primero las ganas, porque el que no quiere aprender no aprende. Después la duda con método, que es el primer discernimiento. Después la vara propia — el ciclo donde uno aprende a medirse, y sin el cual la evaluación siempre la trae otro. Después la honestidad, que se aprende donde el terreno no miente. Y arriba la prudencia: el juicio que dirige la corrección.
Ese es el itinerario completo de la mente que este país necesita. No se enseña en una materia: se construye peldaño por peldaño, y cada peldaño lo cierra una evaluación distinta.
Y fíjate en el arco entero, porque ahí está el punto. La evaluación empieza siendo algo que le hacen a uno —la educadora que observa, la puerta que pregunta si ya puede aprender solo— y termina siendo algo que uno se hace. Un sistema de evaluación bien hecho se vuelve innecesario.
Como país
¿Y se puede? ¿Puede un país girar la rueda?
Puede — si acepta la rayita nacional. El 7.8% de este documento es exactamente eso: la rayita que duele. Un país que se atreve a ver la verdad es un país que mide su vuelta: ¿a quién escuchamos, empezando por quien no vota todavía? ¿Respondimos por la meta pública? ¿Qué tan corto fue el ciclo del dato malo a la política — sin matar al mensajero? ¿Qué estructura creamos? ¿Qué quedó en ley, en dato abierto, en memoria — para enseñárselo al gobierno que viene? ¿Y qué celebramos de verdad: lo que creció, o la propaganda?
Cómo evalúa el mundo
Antes de proponer una manera de evaluar hay que mirar las que ya existen — con su mejor cara puesta, no con la caricatura que a uno le conviene. Esa es la diferencia entre examinar y decorar una conclusión.
Y hay que empezar por lo que encontramos al buscar, porque no es poca cosa: ningún país ha articulado un solo ciclo de evaluación de los cero a los noventa y nueve.50 Los que más se acercan cubren un tramo — Singapur pone crédito de formación para el adulto de veinticinco en adelante; los marcos europeos ordenan niveles sin coser la punta inicial con la adulta. Nadie ha unido la vida entera. Ese hueco es el espacio que esta propuesta reclama; y es, de paso, la razón para andar humilde: si nadie lo ha hecho, nadie sabe todavía si se puede.
El mundo evalúa de seis maneras, y las seis tienen su lógica.
Abre un arquetipo: primero cómo evalúa de verdad, con su mejor cara puesta — después qué tomamos y qué rechazamos de él.
Así evalúa en el mundo
- La mejor versión del argumento: produce excelencia medible y una movilidad que la gente percibe como justa. Corea y Singapur tienen puntajes altísimos, y nadie puede comprar la respuesta correcta.
- El costo: cerca del 74% de los estudiantes de secundaria coreanos asisten a academias privadas, con cuentas de diez a treinta mil dólares al año por hijo en las ciudades grandes. El estrés académico aparece ligado al 12% de los suicidios adolescentes del país.
- El propio gobierno lo admitió a su manera: en 2023 atacó las «preguntas asesinas» del examen y llamó cartel a la educación privada. En 2025 bajó la escala de nueve niveles a cinco.
Qué toma y qué rechaza CRECER
- Toma: la seriedad del dominio y la idea de estándares altos y explícitos. Exigir de verdad no es el problema.
- Rechaza: el filtro. Es el contraejemplo perfecto de Goodhart — cuando el puntaje se volvió la meta, el aprendizaje se mudó al sistema-sombra. CRECER declara que no es un examen de filtro.
Así evalúa en el mundo
- La mejor versión: la excelencia por salida. Si la familia puede llevarse al niño a otra escuela, la escuela tiene que ganárselo todos los años.
- La prueba en contra la dio el propio Chile, que había apostado al voucher puro y terminó reformando el sistema en 2011 para añadirle un árbitro de calidad. El mercado solo no aseguró ni calidad ni equidad.
Qué toma y qué rechaza CRECER
- Toma: el respeto a la voz y a la elección del doliente. Y el modelo de gratis al usuario, que quita la barrera de entrada al que aprende.
- Rechaza: la salida como único mecanismo. Sin voz y sin capacidad, la salida no mejora nada — segrega.
Así evalúa en el mundo
- Chile lo diseñó bien: la Agencia ordena los centros por desempeño y focaliza acompañamiento en los de desempeño insuficiente, antes que sanción. Y pondera la vulnerabilidad de los estudiantes, para no premiar la cuna.
- Inglaterra lo diseñó mal: el veredicto externo reducido a una sola palabra. La directora Ruth Perry se suicidó tras una inspección, y el forense concluyó que la inspección contribuyó. Los juicios de una palabra se eliminaron el 2 de septiembre de 2024.
Qué toma y qué rechaza CRECER
- Toma: la evaluación independiente con dientes escritos en la ley, dirigida al sistema y acompañada de apoyo — el diseño chileno.
- Rechaza: el juicio reductivo y la inspección punitiva sobre una persona. La regla que queda: transparencia sin humillación.
Así evalúa en el mundo
- El Salvador, después de la guerra: las escuelas administradas por asociaciones comunitarias mejoraron las habilidades de lenguaje y bajaron el ausentismo. Es el respaldo empírico más directo a nuestra tesis.
- India, Jaunpur: informar a los comités comunitarios de educación no movió nada — ni la participación ni los resultados. Y Nueva Zelanda tuvo que revertir parte de su descentralización al reconocer que había sobrecargado a comunidades sin capacidad.
Qué toma y qué rechaza CRECER
- Toma: la voz del doliente como principal. Es el corazón filosófico de todo el documento.
- Rechaza, y esto hay que decirlo completo: la voz sola no basta. Funciona con capacidad, recursos e información que se pueda usar; sin eso es micrófono apagado. Por eso formación y autoridad van siempre juntas.
Así evalúa en el mundo
- Finlandia abolió la inspección escolar a inicios de los noventa. No hay pruebas censales de alto impacto ni inspectores; la evaluación nacional es por muestra — suficiente para orientar la política, insuficiente para castigar a nadie.
- La apuesta está toda en formar al evaluador interno: todos los maestros tienen maestría y la entrada a la carrera docente es altamente selectiva. La autonomía se empareja con responsabilidad.
Qué toma y qué rechaza CRECER
- Toma: el corazón de la tesis — la evaluación la sostiene el profesional formado, no un aparato externo. Y el muestreo, que rompe el incentivo de Goodhart.
- Matiza: presupone un cuerpo docente de élite ya formado. No es importable sin construir esa capacidad primero, y eso toma décadas. La confianza no es retórica: es procedimiento.
Así evalúa en el mundo
- El lesson study japonés existe desde la década de 1890: un grupo de maestros planifica una lección de investigación, la observa en vivo y la discute para mejorar la enseñanza en general — no esa clase, la enseñanza.
- Es la encarnación institucional más pura de un ciclo como el nuestro. La industria llegó a lo mismo por otro camino: Deming, el kaizen, la retrospectiva.
Qué toma y qué rechaza CRECER
- Toma: todo el andamiaje del hábito colectivo. Es el mejor modelo que existe para «CRECER es para siempre», y confirma que el ciclo pertenece al colectivo profesional y no a un inspector.
- Rechaza: la deriva performativa. Singapur enseña el riesgo — cuando el ciclo se vuelve documentación que hay que entregar, el ritual sobrevive y el examen muere.
Así evalúa en el mundo
- Todavía no evalúa a nadie en el mundo real: es una propuesta. Lo que sí tiene evidencia son sus piezas — la evaluación formativa, la inversión temprana, el hábito colectivo, la voz del doliente con capacidad.
- El ensamblaje completo, de los cero a los sesenta, no lo ha corrido nadie. Ni nosotros ni ningún país: no existe un solo sistema que articule el ciclo entero.
Qué toma de todos — y su condición de derrota
- Lo que toma de los otros seis: el estándar alto del filtro, la elección del mercado, el árbitro con dientes de Chile, la voz de El Salvador, el evaluador interno de Finlandia y el hábito colectivo de Japón.
- Y su condición de derrota, escrita antes de empezar: el día que una rayita de crecimiento aparezca en un ranking, en un bono o en una sanción, esto habrá muerto.
La lección de las seis cabe en una línea: el árbitro muerde la estructura — nunca a la persona.44 45 46 Cuando muerde a la persona, el aprendizaje se muda al sistema-sombra: en Corea, tres de cada cuatro estudiantes de secundaria terminan en academias privadas, y el estrés del examen aparece ligado al doce por ciento de los suicidios adolescentes del país.51 Cuando muerde la estructura y viene con apoyo, corrige. Y cuando no muerde a nadie, crece — pero solo si hay capacidad debajo. Del mercado puro ya vimos el saldo: el propio Chile tuvo que ponerle un árbitro encima cuando el voucher solo no aseguró ni calidad ni equidad.52
De lo que hay que tomar, lo más valioso no es un instrumento: es un hábito. El lesson study japonés lleva desde 1890 haciendo que un grupo de maestros planifique una clase, la observe en vivo y la discuta — no para calificar a nadie, sino para mejorar la enseñanza.53 Ciento treinta años dando la misma vuelta. «CRECER es para siempre» no es una consigna nuestra: es una práctica que ya existe, y que lleva más de un siglo funcionando.
Y sobre medir el carácter de un pueblo —su compasión, su escucha, su desilusión corta—, el límite lo trazó la pionera del propio campo: se mide solo para alimentar el crecimiento, jamás para clasificar.47 Cuando la medida se vuelve meta, deja de medir.48
Y como todo en este documento declara su condición de derrota, aquí va la de la evaluación CRECER: el día que una rayita de crecimiento aparezca en un ranking, en un bono o en una sanción, habrá muerto — mátenla ustedes antes de que mate lo que mide.
Como has visto, la evaluación bajo el modelo CRECER sirve en todos los ámbitos: la misma rueda de seis letras, desde el examen de conciencia de un domingo hasta la meta pública de una nación. La cima de cada letra es el otro. Y ningún nivel evalúa al de abajo: cada nivel evalúa si dejó crecer al de abajo.
Y esto es motivo de regocijo.
Regocijo (y Raíces)
¿Se puede aprender sin dejar de gozar?
Finalmente, CRECER termina donde todo empieza: en las raíces, en las relaciones y en el regocijo.
La felicidad es nuestro capital
Y aquí hay que decir algo que pocos decimos — porque el regocijo no es decoración: es un dato duro. En la encuesta de PISA, nuestros estudiantes declaran la satisfacción de vida más alta de los 29 sistemas medidos: 8.5 de 10. Primer lugar. Somos lo que más gozamos. Somos los más felices. Míralo en el tablero:
Pasa el cursor —o tabula— por cualquier bolita para ver su país.
¿Y de qué sirve eso, si el aprendizaje está en el suelo? Sirve de todo — porque casi todos los países canjean una moneda por la otra. Corea y Japón compraron su puntaje con infelicidad: 6.5 y 6.2 de satisfacción. Países Bajos no canjeó nada: aprendizaje de élite y estudiantes contentos — tiene las dos. Y ya sabemos por qué: escribió el poder de las familias en su Constitución. Nuestra meta no es copiar el sufrimiento de nadie: es sumar aprendizaje sin entregar el gozo. La felicidad no es nuestro problema: es nuestro capital — y el capital no se gasta: se invierte.
La meta, con números
¿Y cuánto aprendizaje? Digámoslo con números, para que la Evaluación tenga con qué cobrarnos. Hoy, solo alrededor del 8% de nuestros estudiantes cruza el piso básico de competencias; en la OCDE lo cruza el 69%. La escalera que proponemos: 10% en 2030, 20% en 2034 —alineado con Horizonte 2034—, 50% en 2040 y 90% en 2050. Los primeros años se siembran; después el interés compuesto trabaja. ¿Y por qué 90 y no 69? Porque la meta no es alcanzar a la OCDE — es superarla: ser el país que aprende como los mejores y goza como nosotros. Eso no lo ofrece nadie más en el mundo.
Una reforma sin raíces se vuelve moda. Una reforma con raíces se vuelve cultura.
Dice la Biblia:
«Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días se alarguen en la tierra que Jehová tu Dios te da.»
— Éxodo 20:12
En el Nuevo Testamento, Pablo lo cita así:
«Honra a tu padre y a tu madre, que es el primer mandamiento con promesa; para que te vaya bien, y seas de larga vida sobre la tierra.»
— Efesios 6:2–3
Raíces no significa nostalgia. No significa quedarnos presos del pasado. No significa repetir los errores de quienes vinieron antes. Significa que vamos a empezar de nuevo. Que estamos a punto de empezar —otra vez— con la C de Compasión. La rueda no se detiene: vuelve a empezar.
Todo fin depende de su inicio — y qué mejor inicio y punto de partida que la compasión. Por nosotros como individuos, y por nosotros como comunidad.
Y ese inicio hay que institucionalizarlo. En el largo plazo, nuestra gobernanza está absolutamente determinada por nuestros niveles de educación.
Y por eso el sueño final no es un programa, ni un decreto — ni siquiera esta propuesta. Es CRECER como institución.
«Las instituciones son la herencia más grande que tenemos. Más que el dinero: son lo que permite que el amor y la cooperación continúen.»
— Yuval Noah Harari22
Eso es Regocijo con Raíces: un CRECER que ya no dependa de mí, ni de ti, ni de ningún fundador. Un CRECER que se hereda. La rueda, convertida en institución — la respuesta final a la pregunta de la Casa de la Cultura: ¿quién te sigue?
Me llena de entusiasmo contar con Rafael Santos Badía a la cabeza de este proyecto. Yo creo que él tiene la madera para llevar a cabo esta encomienda. De hecho, en una entrevista le preguntaron cómo quisiera ser recordado. Su respuesta fue tan maravillosa que la quiero adoptar para mí mismo:
«Espero que puedan decir de mí: no tuve una conquista que me conquistó, ni tuve una derrota que me derrotó.»
Sabemos que la perfección es imposible. Pero por suerte nuestras metas pueden estar claras — y podemos intentar la máxima aspiración de cualquier pecador: ser auténtico. Ser lo que somos. Simplemente — ser.

«Somos lo que hacemos repetidamente. La excelencia, entonces, no es un acto, sino un hábito.»
«Las virtudes las adquirimos ejercitándolas primero, como ocurre también en las demás artes. Lo que hay que hacer después de haberlo aprendido, lo aprendemos haciéndolo: uno se hace constructor construyendo y citarista tocando la cítara; del mismo modo, nos hacemos justos practicando actos justos, moderados practicando actos moderados y valientes practicando actos valientes.»
— Aristóteles, Ética a Nicómaco
¿Cómo vamos a CRECER hoy?