Ensayo especial · Teoría del Cambio
Todo éxito
depende del
doliente.
Para poder tener éxito en la transformación del sistema educativo hay que empezar con lo básico: educar implica que un tercero debe tomar y gestionar decisiones por los estudiantes, en espeical, los niños.
Esta es la dinámica que define el ejercicio de toda política educativa. En economía, a esto le decimos riesgo moral.
Toda política educativa gestiona este riesgo.
Como lo hacemos determina si creamos un sistema que aprende, o si nos quedamos un sistema que se captura y se estanca.
Alcance
Aquí presentamos tres cosas:
- Un modelo de gobernanza enfocado en la educación preuniversitaria — la primaria sobre todo.
- Tomando de mis experiencias en un gobierno corporativo, creamos un modelo de gobernanza como vehículo de educación. Así—integramos a ellos quienes ya han salido del sistema—dando un ejemplo de la tendencia a futuro: educación continua a lo largo de la vida.
- Buscamos, adicional, proponer un idioma común y generalizable, fácil de implementar, que se articula entre todos los niveles—en resumen: un método científico y de gestión que inicia con compasión —y se llama CRECER.
Etapa I · Teoría de cambio
¿Quién debería ser el doliente en educación?
Esta pregunta no es tan fácil de contestar como parece.
Hay cuatro candidatos que pudieran velar por el riesgo moral del niño. A cada uno lo vamos a mirar en tres tiempos: pudiera —lo que trae a la mesa—, pero —lo que su rol le complica— y sin embargo —el camino que tiene para adueñarse—.
Vamos a verlos.
- 🏢01
La empresa
Pudiera. Es quien le dará el empleo, y nadie sabe mejor qué destrezas pide el trabajo. Cuando gestiona, gestiona bien: el INFOTEP —que las empresas financian con el 1% de su nómina desde 1980— tiene fila en la puerta.
Pero no necesita velar por el espíritu del niño, el estudiante, o el clima de aprendizaje. Puede querer lucrarse con la educación. Además, tiene los medios para aislarse del sistema público. Sufre las consecuencias de una desarticulación indirectamente.
Sin embargo, la competitividad nace del carácter — y el carácter exige que el estudiante se considere de manera íntegra. Los mejores empleados no son los que más saben — son los que tienen curiosidad, disciplina y disposición.
- 👩🏫02
El docente
Pudiera. Está en el aula todos los días. Conoce la realidad del estudiante muchas veces mejor que los propios padres.
Pero su empleo es su sustento — y eso condiciona su potestad de poner a los otros por encima de los suyos. En especial, cuando las alternativas laborales son pocas — y estas carecen de la ya escasa holgura financiera.
Sin embargo, ya ejerce la profesión que más caridad cultiva. De poder confiar en sus medios y ser empoderado por su clima laboral — pudiera elevar el currículo desde un checklist forzoso a un despertar vocacional.
- 🏫03
El director
Pudiera. Vela por la trayectoria completa del niño dentro del centro. Ve el arco entero, no un capítulo.
Pero su horizonte termina en la verja de la escuela — y lo nombra, lo evalúa y lo mueve el mismo sistema al que tendría que reclamarle. Un doliente no debería depender del vigilado.
Sin embargo, de medirlo un árbitro externo, respondería por el niño y no hacia arriba: el centro deja de ser un cargo y se vuelve su proyecto.
- 👨👩👧04
La familia
Pudiera. Es el vínculo más cercano y el más largo — y el principal educador: desde el informe Coleman (1966) sabemos que el hogar pesa más que la escuela en lo que un niño aprende.
Pero hoy no tiene con qué: ni formación para leer un resultado, ni información que sirva, ni autoridad para corregir el rumbo. Le dieron una silla; las llaves quedaron en otro bolsillo.
Sin embargo, de la escuela hacerse comunidad —abierta sábado y domingo, casi como una iglesia— la acogida la transforma. El afecto cura. Y siembra la ambición.
Ninguno de los cuatro es el malo de esta historia. Y fíjate en los cuatro sin embargo: ninguno se activa solo. El del maestro depende de un clima que alguien le garantice; el del director, de un árbitro que alguien le ponga; el de la empresa, de un carácter que alguien forme.
Mientras tanto, cada uno puede poner su parte humana por encima de su papel —y aunque muchos lo hacen todos los días— el incentivo muchas veces va en contra de la vocación.
Un sistema no puede depender de que la gente sea heroica: tiene que funcionar cuando nadie lo es.
¿Y quién es el gobierno en todo esto?
Pregunta fundamental. El gobierno no es nada más ni nada menos que cómo nosotros los actores decidimos relacionarnos.
Políticos somos todos: unos con partido, otros por gremio, otros por sindicato, otros desde la asociación de padres. Todos ejercemos ese músculo desde la influencia. Y un sistema que se gobierna por influencias es un juego — con reglas que cambian según quién va ganando. La meta es salir del juego de influencias y montarnos en un ferrocarril sustentado en ley.
Por eso redactar bien la ley es esencial para salir de la enfermedad del drama: es nuestro principal mitigante. El otro es educar esta dinámica en masa — porque todos somos esos padres que necesitamos esa formación.
Mientras tanto, el juego de influencias tiene su forma favorita: el triángulo del drama.
Cuando cada actor tiene una razón legítima y ninguno carga con la responsabilidad completa, el sistema se acomoda en tres papeles muy cómodos: alguien es víctima, alguien es villano y alguien llega a rescatar. La familia se siente víctima. El maestro se siente perseguido. El ministerio llega a rescatar. Todos tienen razón desde su silla —y el niño sigue sin aprender.
Salir del drama no es encontrar al culpable correcto. Es que alguien acepte el papel de creador: nombrar el resultado que queremos y responder por el próximo paso, aunque la culpa sea de otro.
La familia es el punto natural de inflexión.
De los cuatro sin embargo, el de la familia es el único que podemos activar directo: darle formación, información y autoridad no exige rediseñar un cargo ni esperar a que cambie un mercado. Y una familia activada cierra el círculo — es la que acompaña al maestro, la que le hace de contrapeso al director y la que cría el carácter que la empresa anda buscando.
«Dame un punto de apoyo y moveré el mundo», dijo Arquímedes. La palanca no levanta el peso por fuerza: lo levanta por posición. Aquí está nuestro punto de apoyo —y es el mismo que nos deja crecer como economía y como democracia. Una familia que aprende a leer resultados, a decidir en conjunto y a pedir cuentas en su escuela es, literalmente, un ciudadano en entrenamiento.
¿Qué necesitan para ser dolientes efectivos?
Más que un asiento simbólico: formación, autoridad real y práctica. Necesitan aprender a leer resultados, tomar decisiones juntos, vigilar el poder y corregir el rumbo. En una frase: saber gobernar.
Y falta una pieza que se pasa por alto: este doliente no es una persona, es un grupo. Un doliente grupal necesita un lenguaje común —palabras que todos entiendan igual— para poder ponerse de acuerdo hoy y seguir de acuerdo por los siglos de los siglos.
Y eso es lo que convierte al doliente grupal en otra cosa: en una institución. Las instituciones son imaginación colectiva —el dinero, la ley, el Estado existen porque acordamos que existen— y por eso ponen a cooperar a gente que no se conoce, y duran más que quien las fundó. Fuentes ↗
Un doliente que depende de quién esté en el cargo dura un período. Un doliente que se vuelve institución no se lo lleva un gobierno.
Para lograrlo, debemos construir sobre aquello que ya ha demostrado funcionar.
Por ejemplo, el método científico. Durante siglos nos ha enseñado a observar, preguntar, experimentar y corregir nuestros errores.
Pero hay una pregunta que, por sí solo, no responde:
¿Qué le importa a esta persona?
Por eso propongo el método CRECER. Conserva el rigor del método científico y le añade una dimensión humana. Empieza con la compasión, termina en el regocijo y vuelve a empezar. Hoy y para siempre.
CRECER es un sistema que nos lleva a dar el siguiente paso—pero enfocado en la parte humana. Es la ciencia, pero con conicencia y compasión.
De esa forma podemos trabajar para poder restaurarle a la familia su rol primordial en la educación y así poder ser el doliente natural y con destreza.
La captura es lo peor que puede pasar.
Veamos qué es ↓Etapa II · Tu peligro
¿Qué es la captura?
Imagina que heredas una gran empresa familiar.
La levantaron tus abuelos. Creció, dio empleo y fue un éxito. Ahora pertenece a cien hijos, nietos y primos. La mayoría no trabaja allí: confía su patrimonio y el legado familiar a quienes la administran.
Delegar la gestión es normal. El peligro comienza cuando dos administradores controlan las cuentas, preparan la información y deciden qué conoce la junta. Si los dueños no pueden ver, preguntar ni producir consecuencias, la empresa termina trabajando para quienes tienen las llaves.
Eso es captura: cuando quienes administran concentran tanta información y poder que la organización empieza a servirles a ellos —en vez de servir a sus accionistas y a su misión.
Esta explicación adapta la lógica de Bueno de Mesquita, Morrow, Siverson y Smith (2002) ↗ y «La regla» sigue las curvas de pago de la teoría del selectorado ↗
El riesgo moral implica que el niño es el más fácil de sacar de la coalición. El más fácil de sacrificar. Por eso la democracia y la educación general están intrínsecamente vinculadas: la una no puede sin la otra.
¿Y por qué no se logró en la República Dominicana? Porque la ley fue muy débil. La Ley 66-97 reconoce la participación de las familias, pero no la convierte en un poder único, claro y protegido para exigir resultados y producir consecuencias. En lenguaje empresarial: reconoce al accionista, pero no le entrega información suficiente ni una decisión capaz de corregir el rumbo. Le da una silla a la familia, pero deja las llaves en otro bolsillo. Así, los grandes resortes siguen concentrados y el doliente permanece sin dientes.
Etapa III · La salida
¿Cuál es la meta?
Vamos a empezar por donde no queremos continuar: el aprendizaje está en el suelo.
¿Y cómo alcanzamos a la OCDE? De hecho — ¿cómo superamos a la OCDE? ¿Cómo soñamos con realmente tener un mejor país — y no simplemente cumplir con una «mejor práctica»?
Eso requiere que reconozcamos algo que pocos decimos: somos lo que más gozamos. Somos los más felices. Mira la encuesta de PISA — superamos a los otros 28 sistemas, con un 8.5 de 10:
Pasa el cursor —o tabula— por cualquier bolita para ver su país.
La felicidad no es nuestro problema: es nuestro capital.
Etapa III · El plan
¿Cuál es el plan?
Constancia, honestidad y compasión. Ese es el plan — y no lo cojas de relajo.
¿Cómo aumentar en aprendizaje sin perder en felicidad? Casi todos escogen. Corea y Japón compraron puntaje con infelicidad; Países Bajos no canjeó nada: tiene las dos.
¿Cómo lo hizo Holanda? No es carácter nacional: Holanda escribió el poder de las familias en su Constitución en 1917 —el Artículo 23, que salió de una guerra escolar de 111 años—: el financiamiento sigue al niño y se pondera por vulnerabilidad, los padres tienen asiento legal en el consejo de cada escuela, y sus quejas alimentan formalmente al inspector. La familia no tiene voz: tiene llave. Fuentes ↗
¿Y cómo hacemos eso a la dominicana — comiendo mangú, sancocho y chicharrón?
Eso, hecho realidad aquí, es PA-GANA. Y vamos a empezar por el nombre: «APMAE», ahora mismo, es un nombre medio raro — y medio aburrido. Si esto se hace gozando, merece un nombre divertido: PA-GANA. Dejar de hacer APMAE — y empezar a ser PA-GANA.
¿Qué sería PA-GANA? Padres Aliados para la Gobernanza y el Aprendizaje de Niños y Adolescentes — la APMAE con dientes. Una junta formada que ve el dato, co-decide el plan de mejora del centro y, al final de cada ciclo, renueva —o no— la confianza en la dirección.
¿Y su programa de formación? CRECER: un programa eterno de discernimiento y creación, resumido en un acróstico — Compasión, Responsabilidades, Exploración, Creación, Evaluación y Regocijo. Lo mejor: empieza y mantiene algo súper dominicano — la parte humana. CRECER empieza con compasión. Esa es la novedad. Aunque cualquier otra herramienta pudiera funcionar, CRECER nace con ese corazón únicamente dominicano — y por eso puede ayudar a alinearnos: CRECER para la escuela, para la familia, para el maestro y para el director.
¿Y qué se aprende? A producir.
CRECER es el análogo humano del método científico, del LEAN y del AGILE — hecho para la investigación, el emprendimiento y la gestión de proyectos. Una manera humanística y transversal de poner la compasión en acción: llevar el corazón a la obra.
Lo que agregamos es el detalle de las herramientas. Porque dominar una herramienta es lo que te deja entrar a un contexto donde usarla. Y ese contexto no se acaba: aprende contigo y crece contigo. Siempre vas a tener tu punto de entrada.
¿Y qué ponemos ahí? La escuela debe ser casi un centro comunitario — mucho más expandida: abierta también sábado y domingo, y no solo PREPARA. Cada escuela, un laboratorio, un makerspace, una cancha. Un espacio 24/7 — un poco como el TUMO de Armenia.
Y eso nos regala algo fabuloso: hoy el crecer y el educarnos es constante. La adopción de novedades y de tecnologías acelera. Ya no basta con maestría y doctorado. La escuela — al pasar de APMAE a PA-GANA — puede volverse el lugar de esa formación constante y transversal, además de la capacitación técnica que evoluciona.
De hecho, de ser así, la escuela pública se volverá la primera opción de todos. Ahí sí hay visión.
Es casi como volver a la idea griega: la escuela será un gymnasium. Eso es lo que necesita un país para crecer como un colectivo que sabe convivir.
Porque nuestro problema más grande siempre es — y siempre será — el no saber convivir: sufrir una corrosión interna. Dividirnos en partidos. Capturar el bienestar desde adentro.
Entonces, para poder hacer esto, hay que hacerlo gozando.
Etapa III · El punto de inflexión
¿Qué más vamos a hacer?
PA-GANA necesita volverse el punto de inflexión del cambio: una coalición que gobierna con referendo — una coalición que el ministerio apoya como un sol. Porque supervisar no es llegar a una reunión: exige datos comprensibles, tiempo, práctica, reglas contra conflictos de interés y una autoridad limitada que produzca respuesta.
¿Y cómo llegamos ahí? Con un plan de acción — la teoría del cambio entera, en cuatro pasos:
- 01 Empezar a volvernos co-creadores. No preguntes quién me crea el país que quiero — pregunta cómo puedo yo crear el país que el espíritu quiere para mí. Salir del triángulo del drama y pararnos en el del creador, con números en la mano: el gasto por estudiante y un Box Score por centro. ¿Por qué? Sin una realidad común, cada actor cuenta su propia historia y todas suenan verdad.
- 02 Enseñar CRECER masivamente. Compasión, Responsabilidades, Exploración, Creación, Evaluación y Regocijo. Una idea pegajosa que se aprende fácil: un lenguaje común que una familia entiende en una tarde y usa el lunes siguiente en su escuela. ¿Por qué? Lo que no se puede explicar en una tarde no lo puede sostener un país.
- 03 Implementar PA-GANA bajo el ministerio-sol. El ministerio deja de mandar y empieza a alumbrar: forma, abre datos y apoya. Y las familias formadas, con autoridad real, se vuelven el árbitro de su centro: co-deciden el plan de mejora y renuevan —o no— la confianza en la dirección, mientras un órgano independiente mide y publica. ¿Por qué? Nadie debe operar, regularse y evaluarse a sí mismo.
- 04 Continuar con la formación — para siempre. La casilla ganadora —formación con autoridad— no se visita: se habita. La escuela-gimnasio forma toda la vida, y el candado de la ley protege lo ganado. ¿Y qué significa darle continuidad? Amarrarnos a la proa — como Ulises: escuchar el canto sin soltar el rumbo. ¿Por qué? Información sin poder duerme; poder sin formación se captura — y lo que se amarra, permanece.
No se trata de derrotar a nadie: hay que ponerse PA-GANA. Dejar de vernos como un país que quiere alcanzar a otro — y empezar a vernos como quienes somos, quienes fuimos, quienes seremos por siempre.
Un pueblo que tiene una llama en el pecho.
Un pueblo que tiene una llama en el pecho que crece.
Un pueblo que mil veces libre será.